Comprar RELACIONES

Comprar RELACIONES

sábado, 10 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 11


 

Remember the days at the old schoolyard

We used to laugh a lot

Yusuf Cat Stevens

El vientre de Laura M. es suave y, mirado a contraluz, se nota que está cubierto por una alfombra de pelitos iridiscentes. Me doy vuelta y apoyo la nuca en sus abdominales, aflojo el cuello para que mi cabeza suba y baje al ritmo de su respiración, sístole-diástole, inhalación-exhalación. Ella juega con mi pelo, les hace rulitos, me sopla, se ríe.

¿Te acordás de los recreos que pasamos en el patio de la escuela?, me pregunta. Sí, le digo, nos reíamos mucho, ¿y te acordás que éramos muy simples? Sí, me dice, y tomábamos la leche con tostadas calentitas. Claro, digo, y necesitábamos amor. Oh, sí, me dice, mucho amor, me acuerdo de vos. ¿Vos me querías?, pregunto. Sí, un montón, y sonríe, fuiste mi amor, mi primer amor.

Laura M. me seca unas lágrimas con la punta de la lengua. Después me abraza fuerte, fuerte, para contener mis sollozos. Así un buen rato. Y en esas lágrimas se van las cosas horribles que me están pasando pero también expresan la emoción, la alegría enorme que me da que Laura M. haya aparecido de nuevo en mi vida para salvarme del dolor, como en aquel primer recreo.

 

Fernando

Diciembre, 2022 

viernes, 9 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 10


 

Tercer encuentro con Voggart – 15 de agosto

Es lunes. Pero es un falso domingo. Como en los verdaderos, los días feriados la calle está silenciosa y vacía. En horas de la mañana es cuando se nota el descanso dominical, y por una vez triunfan el silencio, la calma, cierto placer hedonista del no hacer nada.

Termino de calentar el agua y lleno el termo. De camino a la plaza compro unos bizcochitos. Llevo también dos medialunas. Como lo imaginé, apenas hay algunas personas que caminan o pasean sus perros. Me ubico en una mesa que está alejada de la avenida, más tranquila. Recuerdo que había ahí una calesita. ¿Adónde habrá ido a parar? A la noche, también dormía y sus figuras quedaban ocultas bajo una lona verde. ¡Cuántas tardes habré pasado allí!, recuerdo, procurando sacar la sortija. Hasta que ya fui demasiado grande para que me dejaran subir. Y a mi sobrina siempre la aterrorizó el artefacto giratorio, de modo que ni así pude volver.

El mate está rico, y los bizcochitos de grasa de la panadería El Trigo Limpio son los mejores del mundo, se deshacen en la boca antes de que se los pueda masticar.

Dos manos me tapan los ojos, en el viejo juego d adivinar quién es. Tiro un par de nombres incorrectos para sostener la situación, pero el perfume ya avisó que es Voggart. ¿Te costó, eh?, dice entre risas y se sienta frente a mí. ¿Querés un mate?, ofrezco. Más vale, por eso vine, comenta. ¡Qué depresión!, me indigno, y le alcanzo un amargo. Le ofrezco bizcochitos, y aclaro que son de El Trigo Limpio. No, gracias, no me gustan los de ahí, se deshacen antes de que los puedas masticar. Mirá, comento, y digo que también tengo medialunas. Ah, ¿ves?, esas sí me gustan. Mientras Voggart come

nos masticamos, nos gustamos, nos babeamos

Así un buen rato, en el que

nos contemplamos, nos inflamamos, nos enloquecemos

Hasta que informo que ya no hay agua. En casa hay, asegura, ¿vamos?

y nos desgarramos, nos mordemos, nos asesinamos

resucitamos, nos buscamos, nos refregamos

nos rehuimos, nos evadimos y nos entregamos

[Basado en Poema 12, de Oliverio Girondo]


Fernando

Diciembre, 2022

jueves, 8 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 9


 

Mama, take this badge from me
I can't use it anymore
It's gettin' dark, too dark to see

Bob Dylan – “Knocking on heaven’s door”

 

Lo miramos en silencio. Riqui tardó más o menos cuatro minutos en llegar desde la puerta hasta la mesa. Se agarraba de las sillas, y arrastraba el pie derecho. Tenía un ojo hinchado, moretones en toda la cara, los labios partidos y le faltaban dos dientes. Rómulo, no bien lo vio entrar, le trajo una bolsa con hielo para que se pusiera en la cara. Tardó cuatro días en poder hablar. Nos contó que se agarró con otros detenidos. Tenía también dos costillas fisuradas y un dolor tremendo en los riñones por las patadas. Meaba sangre bastante seguido.

Rómulo trajo una cerveza. Invita la casa, dijo, y le acarició el pelo a Riqui. Algunos dijeron que lo vieron llorar. Yo no, así que no puedo asegurarlo. Lo que sí sé es que unos días después mandó un boga a la taquería para averiguar por qué lo habían tenido tanto tiempo a la sombra si solamente era averiguación de antecedentes. Medio lo sacaron cagando, le dijeron que no valía la pena perder tiempo con un cogote como Riqui, que no gastara pólvora en chimangos, así le dijeron.

Yo me calenté para la mierda. Llamemos a la tele, le dije al boga. Al principio se rió. Creo que pensó que era medio boludo, yo. Después me dio la razón, así que agarró el expediente y se fue al canal de noticias policiales. En menos de veinticuatro horas estaba el asunto en boca de todos, y la cara desfigurada de Riqui se hizo famosa.

La rati que nos mandó en naca fue la primera en caer. A poco de averiguar, saltó que la tipa coimeaba a todos los negocios a cambio de “protección”. No se llegó a demostrar, pero se comentaba que era, ella misma, transa. O sea, no que cobraba por liberar la zona, vendía directamente.

De ahí para arriba cayeron todos y la comisaría quedó descabezada, casi casi la tuvieron que cerrar. Al tira mayor le encontraron una pequeña fortuna, varias casas y departamentos y hasta un prostíbulo que ni siquiera tenía un matafuegos.

Vayamos por más, hasta gobernador no paramos, dijo el boga en un arranque de valentía o de fanatismo. Vamos, dijo Riqui, yo los quiero hacer cagar a todos. Nos quedamos un poco sorprendidos. Era como mucho. Riqui se dio cuenta. Mañana voy a La Plata, dijo, ¿quién se prende? Nos miramos en silencio. A las diez en Constitución, dijo, el que quiera venir, bien, y si no, que la chupe.

 Fernando

Diciembre, 2022

martes, 6 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 8


 

<Intermedio>

Trabajando así, como una hormiga, voy acercándome poco a poco a mi auténtico yo. ¿Cómo te lo diría? No puedo explicártelo bien, pero sería algo así como que, al no pensar en mí misma, paradójicamente, fuese aproximándome a mi interior.

Haruki Murakami – El pájaro que da cuerda al mundo

 

Cada mañana me levanto para luchar contra la tristeza. Pensar estas cosas mientras tomo un café en el bar me ayuda a enfrentarla, o ahuyentarla por un rato, ¡fuera de aquí, a la cucha!, y encarar la jornada con otro ánimo. No necesariamente mejor, solamente otro.

Recordar es recrear. Mejor, es volver a vivir, dialogar con esos momentos; incluso, hacer nuevas evaluaciones, en especial de esas remembranzas que brotan de pronto cuando menos me las espero, porque los recuerdos no siempre están dirigidos, a menudo aparecen por su propia voluntad, digamos así.

En cualquier caso, sea que son a propósito o auto evocados, recordar implica salir por un momento del presente para ir a dar a una realidad virtual sin necesidad de un anteojo. Y este tramo, además, está siendo escrito en un cuaderno, sin necesidad de electricidad, contraseñas, redes wi-fi. La lapicera es la interfaz entre la memoria y el papel. Después irá a parar a un servidor, claro, pero ese es otro tema.

 

Fernando

Diciembre, 2022 

domingo, 4 de diciembre de 2022

Tiempos modernos III


 La información, en esta oportunidad, nos llega desde los Estados Unidos de América, y da cuenta de una protesta de trabajadores ferroviarios para que les paguen días por enfermedad, cuidado de familiares enfermos, etc. 

El artículo del New York Times da cuenta de situaciones verdaderamente espeluznantes, que no dejan de serlo por más que se repitan en todas partes del planeta.

Por ejemplo, dice que los trabajadores celebran el aumento de la asignación por hospedaje cuando están fuera de sus hogares por varios días, ya que anteriormente tenían que dormir de a cuatro o cinco en habitaciones para dos en hoteles de morondanga. Y algunos hasta llegaban a comprarse ropa barata para dormir, por el temor a llevarse bichos de regreso a sus casas.

Queremos destacar un párrafo, ejemplo palmario de la deshumanización de la empresa capitalista:

Gunter regularly worked four 10-hour shifts in a row, swinging giant hammers, pounding stakes into railroad ties. His son had been born with a heart defect, and last year he stayed home for his son’s surgery. His supervisor pressured him to come back, saying: “You’re putting me in a tough spot. You have to be here.” Gunter was furious, so he quit.

 

"Gunter trabajaba frecuentemente turnos de diez horas seguidas, blandiendo mazas enormes, clavando estacas a los durmientes de las vías. Su hijo había nacido con un defecto cardíaco, y el año anterior no había ido a trabajar para ir a la surigía del chico. El supervisor lo presionaba para volver, diciendo: 'Me ponés en un aprieto. Tenés que venir acá.' Gunter se puso furioso, y renunció." (Traducción propia)

Estas situaciones se repiten todo el tiempo, tanto cuando al empleado le dan un turno para el dentista e las 10:00 am un miércoles cuanto, como el caso citado, ocurre algo más serio. Ser empleado, parece, supone poner en suspenso la vida personal entonces todo hay que hacerlos en los horarios en que no se trabaja. Lo que no estaría nada mal, por cierto, de no ser que los centros de salud también cierran alguna vez, o el turno que dan en una hora acorde a las pretensiones patronales puede ser de cuatro a seis meses, o bien nunca.

Así es que, en pleno siglo XXI, seguimos luchando por las mismas cuestiones de hace más de ciento cincuenta años.

 

Fernando

Diciembre, 2022   

sábado, 3 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 7

20:10

Está con respirador, la pasaron a terapia, dice mi viejo. ¿La puedo ver? No sé, preguntá a las enfermeras. Solo un ratito, dice la médica de guardia después de que me boludearon bastante.

Está dormida. Le agarro una mano, le hablo bajito, intento no llorar. No lo consigo. Abre los ojos. Apenas. Me aprieta un poco la mano, un segundo, nomás. Parpadea. Sonríe un poquito. Hola, ma, le digo, llegué tarde, disculpá. Levanta las cejas, frunce el ceño. Fui a pagar las cargas sociales y en la fila me encontré con una compañera de la primaria, ¿podés creer? De ahí nos fuimos a tomar algo y se me pasó la hora. Mueve la cabeza hacia los costados y vuelve a sonreír. Me agarra la mano. En realidad solamente apoya la suya en la mía, no le alcanza la fuerza para agarrar. Yo me río un poco. Laura M., ma, ¿te acordás? Levanta las cejas todo lo que puede. ¡Sí, la hija de la señorita Nevia! Ella me reconoció, yo ni me había dado cuenta porque tenía el pelo atado y no se le notaban los rulos. Trabaja de cadeta, como yo, y ahora está afuera, me vino a hacer compañía. Recién me doy cuenta de que está igualita, pero qué me iba a imaginar. Además, viste que soy bastante distraído a veces.

La médica me hace señas.

Bueno, ma, me tengo que ir, ya terminó el horario, me dejaron pasar como excepción. Cierra los ojos. Le seco unas lágrimas y le doy un beso largo en la frente. Tiene fiebre. Nos vemos, ma, I love you tanto! 

Fernando

Diciembre, 2022
 

Entrada destacada

Inteligencia Artificial

¡Hola! Soy el robot, ¿cómo estás? ¿Cómo puedo ayudarte esta mañana? Tengo un sinnúmero de funciones entre las que se pueden contar ayuda fi...