viernes, 22 de junio de 2018

Ancho, ajeno y plano

Hace un tiempo encontré esta imagen en internet, y me resultó muy graciosa:


Y luego se me ocurrieron algunas reflexiones, que les comparto aquí.




Hecho en seis días, al principio fue ancho y ajeno. Ancho porque era plano, sostenido por cuatro elefantes o tortugas, según quién contara la cosa; y ajeno porque, las más de las veces,  millones quedamos de este lado de la alambrada.

Con el tiempo engordó y se puso redondo. Esférico, en rigor, y ahí estuvo, quieto y solitario mientras planetas, estrellas y hasta constelaciones enteras bailaban a su alrededor.

Después, a riesgo de perder la vida en la hoguera, descubrimos que todo eso era cierto aunque, sin embargo, se movía.

Ya nada fue igual desde ese entonces. Se ha convertido en una porquería, en un despliegue de maldad insolente. Le hemos dado vuelta en ochenta días, y hasta lo convertirnos en un juego mecánico de ferias y parques de diversión. Cada hogar se le parece y cuando tira para abajo es mejor no estar atado a nada (imaginemos a los dinosaurios en la cama)




Fernando
2018


martes, 29 de mayo de 2018

Señora Planta – la definición por los opuestos


La lectura de los cuentos que integran Señora Planta (Cecilia Ferreiroa, Blatt & Ríos; Buenos Aires; 2016) nos lleva a mirar más de cerca el modo en que nos relacionamos con las personas: amigos, parejas, familiares, conocidos y hasta con desconocidos.

Con sus matices, estos cuentos nos llevan a interrogarnos acerca del modo en que nos definimos como personas. ¿Nos identificamos con el otro? ¿O, mejor, nos definimos por oposición? En una primera lectura, estamos tentados a pensar que los personajes se definen más por oposición que por asimilación a las características de las/los protagonistas del libro.

En cuanto a la escritura, diremos que salvo tres de los diez cuentos que forman el volumen (“Señora Planta”, “Las novias de Diego” y “El visitante”) todos los relatos están contados en primera del singular, con una narradora femenina, que no se identifica con un nombre. El fraseo es corto: predomina el uso del punto seguido para separar las oraciones. Y la sintaxis es tradicional, no llama la atención sobre sí. Es decir, entendemos que Ferreiroa nos plantea que las preguntas están en otro lado en sus cuentos y no tanto en la escritura misma. Que, de cualquier modo, cumple la función de facilitar la intriga del lector para determinar qué es lo que está pasando en cada historia.

Por otra parte, en los cuentos “La vuelta mala”, “Señora Planta” y “Lluvia” el agua es determinante. Para bien o para mal, en esas historias los personajes se verán inmersos en luchar contra la corriente, que en diversas formas los pondrán de frente a sus temores, sus sueños, sus fracasos.

De regreso a lo que decíamos al comienzo, la mayor parte de los cuentos se plantea desde el modo en que sus protagonistas se ven en relación a los co protagonistas. En efecto, salvo en los que no están contados en primera persona, en todos los otros el contraste, la tensión entre las amigas, la oposición entre unas y otras va perfilando las historias.

Valeria y yo íbamos y veníamos por el parque. Nos lastimábamos todo el tiempo, nos embarrábamos. Mirábamos el río correr y llevarse cosas. Observábamos bichos y pájaros. Ella tenía un libro de pájaros que a mí me encantaba. Tenía las imágenes y algunos rasgos de su comportamiento. Jugábamos a identificarlos y competíamos a ver quién lo hacía primero. Muchas veces yo decía cualquier nombre, con tal de decir algo. Valeria, en cambio, siempre decía el nombre correcto. (“La vuelta mala”, págs.. 15-16)

En este párrafo podemos ver cómo se dan los temas mencionados: frases cortas, tensión entre las amigas, comparación por los opuestos.

También es posible ver este tema de los opuestos en el cuento “Talle 12”, donde la narradora protagonista se cruza con una desconocida en un micro, que le va contando la relación tensa con su hija adolescente:

Terminamos cansándonos una de la otra. Lo espantoso era cómo me hacía verme a mi misma, con todas mis imposibilidades, que eran también las de ella”. (“Talle 12”, pág. 31)

Esta tensión, en este caso aportada por una desconocida, se va a mantener a lo largo de todo el libro –con excepción del cuento que da nombre al volumen- y va a desembocar en “El visitante”, único cuento con un protagonista masculino y que ronda el trhiller psicológico.

En síntesis, Señora Planta es un conjunto de cuentos que explora cómo se definen los personajes: como hemos dicho, los cuentos narrados en primera persona por mujeres que no tienen nombre, a diferencia de los que están en tercera; de qué manera entienden –o intentan entender- las relaciones que mantienen, cómo se comportan frente a las calamidades. Y casi siempre nos queda la duda de cómo lo consiguen.

A nuestro juicio, hay una apuesta a la madurez de las relaciones, como este posible diálogo entre “El visitante” :
Ese hombre en su baño ya no le resultaba ajeno ni amenazante, lo sentía cercano e íntimo, como un hermano. (Pág. 150)

y “Las novias de Diego”:
como esas amistades hechas de grandes, que se asientan en intereses comunes, en vidas comunes. (Pág. 135)

No por nada, creemos, estos son los cuentos que cierran el libro.

Fernando Berton
Mayo, 2018-05-25

miércoles, 25 de abril de 2018

Literatura del yo, autoficción y otras nimiedades

El pasado 20 de abril de 2018, en el ciclo "Veladas Literarias", que ocurre en la librería Caburé Libros el tercer viernes de cada mes, y en el que se homenajean escritoras por escritoras; asistimos a una mesa fermada por Laura Ponce, Cecilia Malem y Mariana Enriquez en homenaje a Liliana Bodoc.

Aunque cualquiera pudiera pensar que esta entrada tratará sobre la homenajeada, haré una breve mención: hay que leer a Liliana Bodoc porque ha escrito cosas en la ciencia ficción y la épica-ficción (si se me permite la invención del género) que están más allá de lo infantil y juevinl (decir "infanto - juvenil" suena a Las Tumbas, la verdad)

Lo que en realidad se tratará en este artículo (detesto la expresión "entrada") es un comentario de Mariana Enriquez acerca de que algunas escritoras no pueden escribir "más allá de su experiencia personal".  La idea era resaltar la falta de horizontes, el no poder mirar el mundo en su vastedad. No ver más allá de sus narices, como se decía allá tiempo y hace lejos.

Pensé que eso, tal vez, tenga que ver con la así llamada literatura del yo, la autoficción, el nano mundo de twitter o el mismísimo facebook que, como un microspio electrónico, hace que una ameba nos parezca un T-Rex.

Es que en este mundo del detalle, de la discusión permanente acerca de las tres nuevas funciones del nuevo teléfono de la manzanita (la verdad me quedo con el sello discográfico, si es que aún existe) o del galaxia no-sé-cuánto que ahora permite mirar un poco en diagonal sin perder el eje de la bisectriz del triangulo isóceles mientras Capricornio asciende sobre Sagitario.

Eso, sin mencionar a las serpientes de madera, como diría el gran Federico Pracino

Es decir, como para ir redondeando, que no es extraño que los y las escritoras de estos tiempos se dediquen a nimiedades, a nano historias  que no pasen de ahí. De eso se trata este posmodernismo posrrealista posverdadero. De boludeces, por decirlo en castellano rioplatense.

Las grandes historias están, como bien decía Mariana, en la ciencia ficción, en Stephen King, en Liliana Bodoc.

Lean a Liliana Bodoc.

Buen provecho, y gracias por la comida!

Mariana Enriquez


Fernando Berton
Abril, MMXVIII

martes, 17 de abril de 2018

¿Por dónde empezar?


El correo de yahoo, cuando querés mandar un nuevo mensaje, tiene un botón que dice "ESCRIBIR". Pero no es una escritura automática, después de apretarlo no salen opciones tipo "novela", "novela negra", "cuento". Apenas un formulario que uno tiene que completar. Está en blanco.

Es decir, el mismo tema de siempre, uno se las tiene que ingeniar como mejor pueda para saltar la parecita que hay entre la nada y la primera frase.Sin saber, muchas veces -por no decir nunca- qué hay del otro lado. O, sabiéndolo, si será posible regresar. Porque una vez que hemos escrito algo, ¿se puede dejar de ser escritor? ¿Escriben los escritores todo el tiempo? Suponemos que no. Que van al cine, que tienen dificultades cotidianas y esas cosas.que suelen ser materia de la escritura, aunque no siempre resultan interesantes para contar.

Se supone que tenemos que darle una vuelta de texto a la tuerca; encontrar el pasadizo entre la anécdota simplona y un punto de extrañación; bajar hasta el sótano o subir hasta el altillo para probarnos un pulóver viejo ahora que se avecina el invierno y hace veintiocho grados. Esas cosas suelen ser aplastadas horriblemente por la realidad de no tener uno la prestancia de ser lo suficientemente prudentes en ponernos el pulóver con la ventana cerrada.


















Fernando
Abril, MMXVIII

domingo, 15 de abril de 2018

Viajar mejor


Cuando uno baja en la estación Constitución del tren Roca, lo que ve desde hace unos cuantos años (antes habìa un cartelito manual, que un empleado actualizaba haciendo girar un rodillo hasta hacer coincidir los números que indicarían la hora de partida) es un cartel luminoso que muestra la hora, el destino del siguiente tren y la hora de partida.(En la foto no se aprecia bien porque la saqué a las apuradas: estaba llegando tarde al trabajo).. Este cartel, además, puede verse cuando se accede al andén. Es decir, que puede verse de ambos lados. Es reversible.

En el artículo de este mismo blog llamado Disculpe las molestias se da cuenta de un mensaje grabado que se oye tanto en los trenes como en la estación y que anuncia las mejoras que se están realizando en la terminal Constitución para que los pasajeros viajemos mejor. La más visible es la limpieza y nuevas luces, y en los últimos días se inició un cambio en la señalética, y este formato de cartel luminoso está siendo reemplazado por otro. Cuando uno accede por la calle Hornos, se aprecia un totem con una serie de pantallas de tocar que nos permiten ver información sobre destinos, horarios y las distintas líneas. También se ha modificado el cartel central a este formato, que está algo mejor al anterior ya que brinda más información (seis trenes en lugar de cuatro).

También se están modificando los carteles en los andenes, entonces ahora, al bajar del tren, lo que vemos es lo siguiente:


Es decir, la parte de atrás de un televisor. Es decir, que si uno quisiera saber qué hora es, ya no puede. Digamos, de paso, que al acceder al andén desde el hall central, este televisor indica de forma clara el destino y la hora de salida, pero la hora actual está muy chiquita, cosa que para los que somos cortos de vista es una dificultad. Además, ¿quién no ha tenido un olvido momentáneo al ingresar al andén y preguntarse por la hora de salida? Con la versión anterior, esto se resolvía solamente con mirar el tablero. Ahora no, habría que preguntarle a alguien o bien caminar hasta la punta de la plataforma para recuperar el horario y/o el destino de la formación.

Tal vez uno peque de muy exigente, pero si resulta que estas modificaciones acontecen para viajar mejor, se me ocurre que los nuevos carteles no contribuyen a eso. (Para otras consideraciones, querido viajero desconocido, por favor remitirse al citado artículo)

Fernando
Abril, 2018


martes, 3 de abril de 2018

Lectora


Entra a preguntar si hay wifi. Hace tiempo con un ehhh alargado para encontrar las palabras. Cuando al fin logra dar con la frase correcta, la suelta rapidito, en tono interrogativo, con una risita nerviosa.

Busca un enchufe donde alimentar su compu. Recorre las mesas de libros. Visita algunos. Viaja por las páginas con la vista. Los acaricia antes de ponerlos de nuevo en su lugar. Siempre con una expresión neutra.

A veces pone los brazos en jarra. Mira las tapas. Repite los gestos con un nuevo libro. Se desplaza lenta, mira hacia la barra y sonríe: ya está su café.




Fernando
26/10/17

miércoles, 28 de marzo de 2018

sin convicción

Chinos oxidados

Ahora son las 14:12 Supongo que llegué a este bar hace una hora. El tramo City Bell – Villa Elisa lleva cuatro minutos. Bajé sin mayor convicción. No sé muy bien –sigo sin saber– qué quiero de este viaje. Bajo porque necesito ir al baño, después de tres horas de haber salido de casa. La estación CB tiene baños, pero están con llave. Camino hacia lo que considero que es el lado sur. Hay unos monoblocks pomposamente llamados Torres del sol. Camino por la calle 419, que tiene un bulevar, y me llaman la atención unas estructuras metálicas que parecen esas horripilantes figuras que semejan un chino que sostiene el canasto de la basura. Pero estas son mucho más grandes, no sostienen ningún canasto, me invitan a tomarles unas fotos. Camino y veo que los monigotes oxidados tal vez fueron chimeneas. Ahora solamente están ahí oxidándose en lo que queda de una demolición o derrumbe o ruina de una fábrica, qué-se-yo. Hay más movimiento del esperado y no da mear en la calle. Paso por un bar de una franquicia. Miro un poco la decoración y no me gusta. No tiene personalidad. Vuelvo al bulevar para volver a la estación. Tomar el siguiente tren. Este viaje está definitivamente estropeado. No sé para qué estoy haciéndolo. Ya vencido, decido no darme por vencido y entro en La Casona – café y bar. Hay varios viejos que almuerzan. Solos. Como yo, que pronto seré viejo.

Chinos en el baldío

De los platos del día, elijo la bondiola con ensalada y una cerveza. Y luego, por fin, voy al baño. Mientras meo espero que no me roben la cerveza. O encontrarme con alguien que se haya adueñado de mi mesa. Esas cosas que suelen pasar en los viajes sin sentido. Como este. ¿Qué hago yo acá, en Villa Elisa, además de mear y desperdiciar mis vacaciones?

Vuelvo del baño y encuentro una panera, un rollo de servilletas, cuchillo y tenedor, ningún invasor. Saco el cuaderno con la intención de anotar algunas ideas. Me llama la atención una pequeña biblioteca. Me acerco. Hay títulos diversos, y me detengo en un volumen no muy grueso, de lomo blanco y verde. Lo agarro: Trafalgar, de Angélica Gorodischer. (Todo lo que leí de Gorodischer es de Violeta). A este lo edita Página 12. Sonrío. Abro y en la página 18 la autora recomienda leer en el orden propuesto. Vuelvo a sonreír, y miro de soslayo hacia la mochila donde descansa, por ahora, Rayuela (que, intuyo, debe sonreír a su vez). El bar Burgundy que describe el primer capítulo (¿cuento?) se parece bastante a La Casona – café y bar. La contratapa nos dice que Trafalgar Medrano es un viajante de comercio intergaláctico.



Me quedo leyendo un rato, hasta el final del primer capítulo – cuento. Y después volver a casa: no podría tener más suerte hoy.





Fernando
Marzo
MMXVIII

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