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Historias extraordinarias es una película en forma de novela o viceversa. Está dividida en tres partes (al menos así la presenta HBOMAX), hay tres narradores y tres personajes principales. Sus historias se interconectan, pero no de un modo en el que se esperaría de películas de Alejandro González Iñárritu como Amores Perros o Babel, sino más como en La Ronda (2008, dirigida por Inés Braun, donde los personajes son principales en una historia y secundarios en la siguiente, hasta desaperecer). Y sin embargo, tampoco es así. Es, quizás, algo similar a Historias Mínimas (2002, dirigida por Carlos Sorín), con personajes que apenas se entrecruzan para dar lugar a las demás historias. Pero todas transcurren en una misma geografía.
En cuanto a lo narrativo, hay tres narradores en off: Juan Minujín, Verónica Llinás, Daniel Hendler, que cuentan las historias de X, Z y H (así se llaman los protagonistas), pero no necesariamente cada narrador cuenta al mismo personaje. El narrador (los narradores) sabe casi todo, pero deja espacios en blanco, a veces nos hace creer que intencionalmente, como para no perderse, pero sabemos que nos engaña un poco, que sí sabe, pero se hace el tonto.
El capítulo VI, El Río, es particularmente interesante si la narración la disponemos como si fuera un poema:
No esperes gran cosa del río
no es lo que te imaginás
no es un río correntoso
como los del sur
ni es un río enigmático y profundo
como los del norte.
No esperes aventuras
es un río de llanura
apenas un montón de agua parda
y tibia
que baja como dormida
hacia el mar.
Es un río del desierto, apenas una raya en el mapa
apenas una aguada para
que se refresquen las vacas sueltas
apenas un trámite, no esperes sorpresas.
Cada tanto habrá alguna arboleda
cada tanto algún molino
cada tanto algún viejo puente
por el que alguna vez
pasó el tren
nada más.
Vas como dormido.
Como si anduvieras en el medio de la nada
como si anduvieras de noche
vas casi sin pensar
como el ganado.
Es como si fuera un camino abandonado
por el que ya no va nadie.
Al río tampoco va nadie
¿para qué van a ir?
Acordáte: no esperes gran cosa.
En el río
no hay nada.
No podemos sostener que haya sido pensado como un poema. Ni siquiera que esa fuera la disposición de los versos. Pero sí creemos que hay una intencionalidad poética en esa narración, al unir los destinos del hombre y el río y los animales y la vegetación que son, a fin de cuentas, tan protagonistas como el que más. La planicie hace que las aventuras no se distingan unas de otras, y hay que subir y mirar desde arriba para encontrarlas en el mapa.
El capítulo VII, por ejemplo, que viene a continuación, no tiene nada que ver en cuanto a lo que nos muestra. En efecto, está contado como si fuera una fotonovela, cuadro a cuadro, con imágenes que van apareciendo como si alguien las sacara de una caja y las tirara sobre la mesa mientras cuenta la historia del chileno y la masacre del molino.
El capítulo XV, Salamone, es casi un documental sobre la obra del arquitecto que inundó el suroeste de la provincia de Buenos Aires, allá por los años '30 del siglo XX, de obras monumentales, más que nada municipios, mataderos, portales de cementerios. Luego vemos que X tiene algo que ver con esto.
En suma, Historias Extraordinarias nos lleva a pasear por la provincia, y mientras nos cuenta historias, de manera incansable, una tras otra, que se cruzan un poco entre sí, pero no del todo, que se parecen, pero se distinguen, y que terminan en la realidad, con César cantando una canción, al punto de que ya no sabemos si las historias terminaron y empezó la realidad. Como el río cuando llega al mar.
Fernando
Octrubre, 2026







