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jueves, 8 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 9


 

Mama, take this badge from me
I can't use it anymore
It's gettin' dark, too dark to see

Bob Dylan – “Knocking on heaven’s door”

 

Lo miramos en silencio. Riqui tardó más o menos cuatro minutos en llegar desde la puerta hasta la mesa. Se agarraba de las sillas, y arrastraba el pie derecho. Tenía un ojo hinchado, moretones en toda la cara, los labios partidos y le faltaban dos dientes. Rómulo, no bien lo vio entrar, le trajo una bolsa con hielo para que se pusiera en la cara. Tardó cuatro días en poder hablar. Nos contó que se agarró con otros detenidos. Tenía también dos costillas fisuradas y un dolor tremendo en los riñones por las patadas. Meaba sangre bastante seguido.

Rómulo trajo una cerveza. Invita la casa, dijo, y le acarició el pelo a Riqui. Algunos dijeron que lo vieron llorar. Yo no, así que no puedo asegurarlo. Lo que sí sé es que unos días después mandó un boga a la taquería para averiguar por qué lo habían tenido tanto tiempo a la sombra si solamente era averiguación de antecedentes. Medio lo sacaron cagando, le dijeron que no valía la pena perder tiempo con un cogote como Riqui, que no gastara pólvora en chimangos, así le dijeron.

Yo me calenté para la mierda. Llamemos a la tele, le dije al boga. Al principio se rió. Creo que pensó que era medio boludo, yo. Después me dio la razón, así que agarró el expediente y se fue al canal de noticias policiales. En menos de veinticuatro horas estaba el asunto en boca de todos, y la cara desfigurada de Riqui se hizo famosa.

La rati que nos mandó en naca fue la primera en caer. A poco de averiguar, saltó que la tipa coimeaba a todos los negocios a cambio de “protección”. No se llegó a demostrar, pero se comentaba que era, ella misma, transa. O sea, no que cobraba por liberar la zona, vendía directamente.

De ahí para arriba cayeron todos y la comisaría quedó descabezada, casi casi la tuvieron que cerrar. Al tira mayor le encontraron una pequeña fortuna, varias casas y departamentos y hasta un prostíbulo que ni siquiera tenía un matafuegos.

Vayamos por más, hasta gobernador no paramos, dijo el boga en un arranque de valentía o de fanatismo. Vamos, dijo Riqui, yo los quiero hacer cagar a todos. Nos quedamos un poco sorprendidos. Era como mucho. Riqui se dio cuenta. Mañana voy a La Plata, dijo, ¿quién se prende? Nos miramos en silencio. A las diez en Constitución, dijo, el que quiera venir, bien, y si no, que la chupe.

 Fernando

Diciembre, 2022

martes, 6 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 8


 

<Intermedio>

Trabajando así, como una hormiga, voy acercándome poco a poco a mi auténtico yo. ¿Cómo te lo diría? No puedo explicártelo bien, pero sería algo así como que, al no pensar en mí misma, paradójicamente, fuese aproximándome a mi interior.

Haruki Murakami – El pájaro que da cuerda al mundo

 

Cada mañana me levanto para luchar contra la tristeza. Pensar estas cosas mientras tomo un café en el bar me ayuda a enfrentarla, o ahuyentarla por un rato, ¡fuera de aquí, a la cucha!, y encarar la jornada con otro ánimo. No necesariamente mejor, solamente otro.

Recordar es recrear. Mejor, es volver a vivir, dialogar con esos momentos; incluso, hacer nuevas evaluaciones, en especial de esas remembranzas que brotan de pronto cuando menos me las espero, porque los recuerdos no siempre están dirigidos, a menudo aparecen por su propia voluntad, digamos así.

En cualquier caso, sea que son a propósito o auto evocados, recordar implica salir por un momento del presente para ir a dar a una realidad virtual sin necesidad de un anteojo. Y este tramo, además, está siendo escrito en un cuaderno, sin necesidad de electricidad, contraseñas, redes wi-fi. La lapicera es la interfaz entre la memoria y el papel. Después irá a parar a un servidor, claro, pero ese es otro tema.

 

Fernando

Diciembre, 2022 

domingo, 4 de diciembre de 2022

Tiempos modernos III


 La información, en esta oportunidad, nos llega desde los Estados Unidos de América, y da cuenta de una protesta de trabajadores ferroviarios para que les paguen días por enfermedad, cuidado de familiares enfermos, etc. 

El artículo del New York Times da cuenta de situaciones verdaderamente espeluznantes, que no dejan de serlo por más que se repitan en todas partes del planeta.

Por ejemplo, dice que los trabajadores celebran el aumento de la asignación por hospedaje cuando están fuera de sus hogares por varios días, ya que anteriormente tenían que dormir de a cuatro o cinco en habitaciones para dos en hoteles de morondanga. Y algunos hasta llegaban a comprarse ropa barata para dormir, por el temor a llevarse bichos de regreso a sus casas.

Queremos destacar un párrafo, ejemplo palmario de la deshumanización de la empresa capitalista:

Gunter regularly worked four 10-hour shifts in a row, swinging giant hammers, pounding stakes into railroad ties. His son had been born with a heart defect, and last year he stayed home for his son’s surgery. His supervisor pressured him to come back, saying: “You’re putting me in a tough spot. You have to be here.” Gunter was furious, so he quit.

 

"Gunter trabajaba frecuentemente turnos de diez horas seguidas, blandiendo mazas enormes, clavando estacas a los durmientes de las vías. Su hijo había nacido con un defecto cardíaco, y el año anterior no había ido a trabajar para ir a la surigía del chico. El supervisor lo presionaba para volver, diciendo: 'Me ponés en un aprieto. Tenés que venir acá.' Gunter se puso furioso, y renunció." (Traducción propia)

Estas situaciones se repiten todo el tiempo, tanto cuando al empleado le dan un turno para el dentista e las 10:00 am un miércoles cuanto, como el caso citado, ocurre algo más serio. Ser empleado, parece, supone poner en suspenso la vida personal entonces todo hay que hacerlos en los horarios en que no se trabaja. Lo que no estaría nada mal, por cierto, de no ser que los centros de salud también cierran alguna vez, o el turno que dan en una hora acorde a las pretensiones patronales puede ser de cuatro a seis meses, o bien nunca.

Así es que, en pleno siglo XXI, seguimos luchando por las mismas cuestiones de hace más de ciento cincuenta años.

 

Fernando

Diciembre, 2022   

sábado, 3 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 7

20:10

Está con respirador, la pasaron a terapia, dice mi viejo. ¿La puedo ver? No sé, preguntá a las enfermeras. Solo un ratito, dice la médica de guardia después de que me boludearon bastante.

Está dormida. Le agarro una mano, le hablo bajito, intento no llorar. No lo consigo. Abre los ojos. Apenas. Me aprieta un poco la mano, un segundo, nomás. Parpadea. Sonríe un poquito. Hola, ma, le digo, llegué tarde, disculpá. Levanta las cejas, frunce el ceño. Fui a pagar las cargas sociales y en la fila me encontré con una compañera de la primaria, ¿podés creer? De ahí nos fuimos a tomar algo y se me pasó la hora. Mueve la cabeza hacia los costados y vuelve a sonreír. Me agarra la mano. En realidad solamente apoya la suya en la mía, no le alcanza la fuerza para agarrar. Yo me río un poco. Laura M., ma, ¿te acordás? Levanta las cejas todo lo que puede. ¡Sí, la hija de la señorita Nevia! Ella me reconoció, yo ni me había dado cuenta porque tenía el pelo atado y no se le notaban los rulos. Trabaja de cadeta, como yo, y ahora está afuera, me vino a hacer compañía. Recién me doy cuenta de que está igualita, pero qué me iba a imaginar. Además, viste que soy bastante distraído a veces.

La médica me hace señas.

Bueno, ma, me tengo que ir, ya terminó el horario, me dejaron pasar como excepción. Cierra los ojos. Le seco unas lágrimas y le doy un beso largo en la frente. Tiene fiebre. Nos vemos, ma, I love you tanto! 

Fernando

Diciembre, 2022
 

viernes, 2 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 6


 

Segundo encuentro con Voggart – 28 de junio

 

Con cierta frecuencia sueño que viajo en ascensor. La cuestión es que, siempre, se mueve de costado, como un tren. Si tuviera terapeuta seguro me preguntaría qué me parece. Yo le diría que ni idea, que para eso haría terapia. Me diría que no sea vago, que piense primero por qué ese sueño se repite y, segundo, qué es o cuáles son las razones para que se altere el sentido de movimiento del ascensor. Yo pensaría, pero no diría, uy dió, qué ganas de complicarme la vida.

Arrancaría diciendo que un ascensor es una vía de escape, o un medio para salir de donde uno está para ir a otro lado con rapidez. Habiendo ascensor, no se complique con la escalera, si ya casi no hay noticias de gente atrapada o accidentada en elevadores. Un avance de la tecnología, hay que decirlo, así como ya no mueren pilotos de Fórmula 1 en las carreras. ¿Qué?, se sorprendería. Nada, nada, una pequeña digresión. ¿Y lo horizontal?¿Y lo horizontal, me preguntas? Eso, diría yo, me parece, es un ansia de hacer algo diferente, ¿no?, romper los esquemas o patear el tablero, por decir algo. Tanto es así que ahora que me acuerdo, hace unos días soñé que esperaba el ascensor, y yo mismo en el sueño me decía ¡ay, no!, ¿otra vez con esto? Llegó. Subí. Marqué un piso. Hasta ahí, todo bien, el artefacto empezó a subir como dios manda. Menomal, pensé, y me quedé en el molde a esperar que llegara. Miré la hora. No recuerdo cuál era, si no le hubiera jugado a la quiniela, como ya me pasó alguna vez y gané. Pero de pronto me doy cuenta de que el aparato gira. Es un edificio circular, y veo por la puerta de rejas un montón de oficinas y un pasillo con baranda que da al vació, como un pozo en todo el edificio, que está construido solamente en la circunferencia, el centro es aire, pulmón de manzana o similar. ¡Me cago en la ostia!, dije en el sueño. Finalmente bajé y me encontré con alguien que me preguntó si tuve un buen viaje. ¿El del ascensor?, dije. No me contestó nada y se fue y me desperté con cierta frustración.

Todo eso podría decir en terapia, si hiciera terapia, le digo a Voggart. Me mira. Arquea una ceja. Pongo cara de no entiendo. ¿Qué tiene que ver, pregunta, ese sueño con patear el tablero? ¡Ah, eso!, digo. Tiene que ver porque el sueño arranca rompiendo la cuarta pared, o almohada, quién sabe tratándose de sueños, al poner en duda si es un sueño. Luego, el ascensor sube normal, hasta que en un descuido, ¡zácate!, otra vez pal costado. ¡Ah!, dice Voggart.

Justo llegamos. Abro la puerta. Voggart sale, pero el perfume se queda.

 

Fernando

Diciembre, 2022 

martes, 29 de noviembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capitulo 5



Todos salimos al día siguiente. Riqui no. Quedó guardado varios días por tener antecedentes. Está incomunicado, nos dijeron cada vez que fuimos para verlo. ¿Quieren ir a la gayola también, así lo ven?, nos amenazaron la última vez que pasamos por la taquería.

Al salir nos cruzamos con la rati que nos mandó a la sombra. Nos miramos con recelo. Se detuvo. Con los pulgares en el chaleco anti bala nos dijo que no nos quería ver más por ahí, y en especial a mí.  La miré con odio. Empecé a caminar y lo rocé con un codo. En un segundo me agarró de una muñeca, me aplastó el brazo a la espalda y me dijo al oído, con los dientes apretados, te dije que no te quiero ver más, ¿entendés, zapato? No respondí. Insistió hasta que escupí un sí entre los dientes. Muy bien, dijo al soltarme. Ahora tomatelás y no vengas más si no querés ir a parar con tu amiguito.

Fuimos al Bar Fuentes a tomar unas cervezas y ver de qué mejor manera sacar a Riqui de la cana. Pero Rómulo nos dijo que si no le íbamos a pagar que mejor fuéramos a otra parte. Eh, Romulón, no te ortibés, che, ya se va saldar lo adeudado, intentamos convencerlo. Vía, vía, sentenció Rómulo y nos espantó con la escoba.

Del Bar y Billares Sur también nos sacaron volando, pero ni siquiera llegamos a cruzar la puerta de entrada.

Yo fui a la estación a ver si conseguía unos pesos. Una hora y media me costó juntar para una birra en el quiosco, que no duró ni quince minutos. Estaba bien fresquita, eso sí.

 

Fernando

Noviembre, 2022 


 

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