Comprar RELACIONES

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viernes, 2 de diciembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 6


 

Segundo encuentro con Voggart – 28 de junio

 

Con cierta frecuencia sueño que viajo en ascensor. La cuestión es que, siempre, se mueve de costado, como un tren. Si tuviera terapeuta seguro me preguntaría qué me parece. Yo le diría que ni idea, que para eso haría terapia. Me diría que no sea vago, que piense primero por qué ese sueño se repite y, segundo, qué es o cuáles son las razones para que se altere el sentido de movimiento del ascensor. Yo pensaría, pero no diría, uy dió, qué ganas de complicarme la vida.

Arrancaría diciendo que un ascensor es una vía de escape, o un medio para salir de donde uno está para ir a otro lado con rapidez. Habiendo ascensor, no se complique con la escalera, si ya casi no hay noticias de gente atrapada o accidentada en elevadores. Un avance de la tecnología, hay que decirlo, así como ya no mueren pilotos de Fórmula 1 en las carreras. ¿Qué?, se sorprendería. Nada, nada, una pequeña digresión. ¿Y lo horizontal?¿Y lo horizontal, me preguntas? Eso, diría yo, me parece, es un ansia de hacer algo diferente, ¿no?, romper los esquemas o patear el tablero, por decir algo. Tanto es así que ahora que me acuerdo, hace unos días soñé que esperaba el ascensor, y yo mismo en el sueño me decía ¡ay, no!, ¿otra vez con esto? Llegó. Subí. Marqué un piso. Hasta ahí, todo bien, el artefacto empezó a subir como dios manda. Menomal, pensé, y me quedé en el molde a esperar que llegara. Miré la hora. No recuerdo cuál era, si no le hubiera jugado a la quiniela, como ya me pasó alguna vez y gané. Pero de pronto me doy cuenta de que el aparato gira. Es un edificio circular, y veo por la puerta de rejas un montón de oficinas y un pasillo con baranda que da al vació, como un pozo en todo el edificio, que está construido solamente en la circunferencia, el centro es aire, pulmón de manzana o similar. ¡Me cago en la ostia!, dije en el sueño. Finalmente bajé y me encontré con alguien que me preguntó si tuve un buen viaje. ¿El del ascensor?, dije. No me contestó nada y se fue y me desperté con cierta frustración.

Todo eso podría decir en terapia, si hiciera terapia, le digo a Voggart. Me mira. Arquea una ceja. Pongo cara de no entiendo. ¿Qué tiene que ver, pregunta, ese sueño con patear el tablero? ¡Ah, eso!, digo. Tiene que ver porque el sueño arranca rompiendo la cuarta pared, o almohada, quién sabe tratándose de sueños, al poner en duda si es un sueño. Luego, el ascensor sube normal, hasta que en un descuido, ¡zácate!, otra vez pal costado. ¡Ah!, dice Voggart.

Justo llegamos. Abro la puerta. Voggart sale, pero el perfume se queda.

 

Fernando

Diciembre, 2022 

martes, 29 de noviembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capitulo 5



Todos salimos al día siguiente. Riqui no. Quedó guardado varios días por tener antecedentes. Está incomunicado, nos dijeron cada vez que fuimos para verlo. ¿Quieren ir a la gayola también, así lo ven?, nos amenazaron la última vez que pasamos por la taquería.

Al salir nos cruzamos con la rati que nos mandó a la sombra. Nos miramos con recelo. Se detuvo. Con los pulgares en el chaleco anti bala nos dijo que no nos quería ver más por ahí, y en especial a mí.  La miré con odio. Empecé a caminar y lo rocé con un codo. En un segundo me agarró de una muñeca, me aplastó el brazo a la espalda y me dijo al oído, con los dientes apretados, te dije que no te quiero ver más, ¿entendés, zapato? No respondí. Insistió hasta que escupí un sí entre los dientes. Muy bien, dijo al soltarme. Ahora tomatelás y no vengas más si no querés ir a parar con tu amiguito.

Fuimos al Bar Fuentes a tomar unas cervezas y ver de qué mejor manera sacar a Riqui de la cana. Pero Rómulo nos dijo que si no le íbamos a pagar que mejor fuéramos a otra parte. Eh, Romulón, no te ortibés, che, ya se va saldar lo adeudado, intentamos convencerlo. Vía, vía, sentenció Rómulo y nos espantó con la escoba.

Del Bar y Billares Sur también nos sacaron volando, pero ni siquiera llegamos a cruzar la puerta de entrada.

Yo fui a la estación a ver si conseguía unos pesos. Una hora y media me costó juntar para una birra en el quiosco, que no duró ni quince minutos. Estaba bien fresquita, eso sí.

 

Fernando

Noviembre, 2022 


 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capitulo 4

 

There was nothing in the world
That I ever wanted more
Than to feel you deep in my heart

The Cure – “Pictures of you”

 

14:30

Alguien bosteza. Alguien protesta. Alguien prende un cigarrillo. Alguien dice que la sucursal de Paraguay y Pellegrini. Alguien dice que no porque estás al rayo del sol y que cada vez que el cajero le va a poner tinta a la almohadilla muere un obispo

15:25

El humo casi no deja ver el final del pasillo. Me río y digo que debe ser el resultado del fin del planeta, que cuando salgamos ya no habrá más que escombros, radiación, figuras estampadas en las pocas paredes que habrán quedado en pie; ciudades inundadas, restos de naufragios, que Epecuén fue el primer paso para esta oleada de calamidades que hoy nos llevan a cambiar los precios varias veces por día.

16:40

Ya faltan solo quince personas en mi fila. Nadie me habla después de mi comentario tenebroso, salvo una chica que tiene una remera con la cara de Robert Smith y fuma Particulares 30.

El que está en la caja tiene un pilón así de boletas para pagar. De a poco, la impaciencia se desliza hacia la resignación como nuestras espaldas por la pared hasta depositar nuestras nalgas en las baldosas.

El beso transcurre tranquilo. Las lenguas atraviesan la frontera de los dientes y bailan una danza lenta al son de una trompeta con sordina que a veces le deja el protagonismo a un clarinete.

17:05

Salimos. Voy a la puerta de 25 de mayo a buscar la planilla con los tipos de cambio. La chica me pregunta si vamos a tomar algo y digo que sí. Nos sentamos en un bar que está por Paseo Colón. Ella sonríe después de pedir dos cafés y dos ginebras. Me mira con ojos inquietos, y sin dejar de sonreír me dice ¿vos sos Günter, no? Yo le digo ¿cómo sabés? Y ella se ríe. Me acaricia las manos. Me dice ¿no te acordás de mí? Le digo que no con un silencio y una mirada de sorpresa. Ella mueve un poco la cabeza y sin dejar de sonreír me mira directo a los ojos. Con un pase mágico se suelta el pelo que se desparrama en un torrente de rulos negros apretados.

18:50

¡Laura M., ¿qué hacés?! Ella se ríe. Tal vez sin saber que mi corazón está a punto de estallar, o tal vez sí. Ella dice tomo algo con un chico que me gusta. Yo digo qué casualidad y le agarro las manos y tiemblo y tengo que levantarme para tomar aire.

19:30

Yo digo ¡uh!, se me hizo re tarde, tengo que ir a reemplazar a mi viejo al sanatorio. Ella dice ¿qué pasó, querés que te acompañe? Yo digo, sí, claro, si no tenés otra cosa que hacer. Ella sonríe, pero un poco menos. Pagamos y vamos a tomar el subte.

 

Fernando

Noviembre, 2022 

sábado, 26 de noviembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 3

 

La hora la contaba un reloj con segundero ruidoso

Tatiana Goransky

Encuentro con Voggart – 15 de junio

Espero el ascensor hace bastante. No sé cuánto. Cinco, diez, noventa minutos quizás. Llegaré tarde otra vez y no podré poner al ascensor como excusa. Argumentarán que tendría que haber bajado por la escalera, preguntarán si soy tonto o si creo que ellos lo son o las dos.  Diré que no, que se dificulta bajar dieciocho pisos por la escalera, por el desgarro, ustedes ya saben. Me mirarán con sorna. Me despedirán.

Pienso si no será mejor quedarme. ¿Ir a la oficina para que me echen? No, gracias. Prefiero evitar el mal trago.

Llega, finalmente, el transporte vertical. Cuando estoy por cerrar la puerta, escucho una voz firme: ¿baja?, y el aire del palier se inunda de un perfume floral, como si me hubiera transportado a un free-shop.

Fernando

Noviembre, 2022

jueves, 24 de noviembre de 2022

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 2

 

A veces entrábamos a comprarle medio paquete de cigarrillos

Roberto Arlt – El juguete rabioso

Riqui pedía. Cualquier cosa. Podía ser que cuando íbamos a bailar paraba gente por la calle y les pedía monedas. Venimos de Lincoln al velorio de la abuela y nos robaron. Riqui ponía cara de desvalido. Los demás poníamos cara ruda, para amedrentar. Nunca tuvimos problemas, y la plata la distribuíamos entre todos. Nos alcanzaba para las entradas y algunos tragos o cigarrillos.

Una noche se le dio por comprar flores, y le dimos una rosa a cada chica que nos gustaba. Fue un éxito que no se volvió a repetir. No hay que abusar, dijo Riqui.

Más adelante, cuando ya no teníamos cara de jóvenes provincianos engañados por los porteños, nos vimos obligados a usar otros métodos de persuasión para conseguir que la gente aflojara. Bastaba con acorralar a la persona. A veces la rodeábamos; otras, la llevábamos contra la pared. Siempre daba resultado.

No imaginamos que una chica tan linda fuera a dar tantos problemas. Primero nos dijo que no tenía plata. Riqui se impacientó. Dale, linda, no te hagás la pilla, te vimos pagar en el quiosco. Empezamos a acercarnos. Ella no se achicó. Se afirmó en el pie derecho, algo hacia atrás, listo para dar un salto si fuera necesario. Riqui siguió hablándole y nosotros empezamos a cerrar un círculo. La chica siguió sin soltar un mango, sin intimidarse, sin dejar de sonreír. Así podríamos haber estado un rato largo de no ser por un error grave que cometí: cuando le tironée la cartera, ella me clavó el codo en la boca del estómago, saltó como un resorte para darle un cabezazo en la frente a Riqui y no sabemos ni de dónde ni en qué momento sacó una 9mm. Lo que sí supimos es que de pronto nos apuntaba con la misma sonrisa que había mantenido todo el tiempo, hasta que nos metieron al patrullero.

 

Fernando

Noviembre, 2022 

N. del A: para quienes no lo saben, Günter Frager es un compositor imaginario al que Johann Sebastian Mastropiero le plagiaba casi todas las obras; incluso, su autobiografía. Aquí las pruebas: Les Luthiers - Günter Frager

 

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