Comprar RELACIONES

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jueves, 6 de abril de 2023

El paraíso en el patio


 


Tiempo atrás, en una maceta que tenía en el patio brotó un paraíso, seguramente de una semilla que voló desde el que está en la vereda del vecino. Creció y creció hasta la altura de un metro, maomeno. Cuestión que para árbol es petiso, y para bonsái es enorme. Lo iba a sacar, porque pensé que qué vida iba a ser esa, metido ahí en una macetita de 80X12cm. Sin embargo, lo dejé. A mediados de marzo ya no tenía más hojas, y se le cayeron todas las ramitas. El otoño, a pesar de los 37°C, estaba cerca y se ve que los genes le indicaban al arbolito que ya era hora de hibernar.

Después planté al lado un crisantemo, pero como le daba poco sol, mudé la maceta al alféizar. Entonces al crisantemo empezaron a salirle hojas nuevas, ¡y también al paraíso! De verdad que estoy re sorprendido, porque nunca había visto una cosa así, un árbol que perdiera las hojas una semana y después de diez días empezara a brotar. Tal vez esperaba ese sol que ahora le da, y de alguna manera me agradece la mudanza. Pero ni idea, ignoro todo acerca de la vida interior de los árboles.

Esta mañana fui a regar, y vi que tiene más hojitas recién salidas. No paro de sonreír. Es como enamorarse a los 60 y empezar todo otra vez cuando uno creía que ya no.

 

Fernando

Abril - MMXXIII

P.D.: Se preguntará el lector desprevenido si la pava es la misma de la que hablamos alguna vez. Pero esa historia quedará para otro día.

domingo, 2 de abril de 2023

MALVINAS

Teatro de Guerra;Dir: Lola Arias, 2018 (Imagen: MUBI)


Ya casi no se ven los veteranos de guerra en los trenes vendiendo sus revistas o directamente pidiendo plata para subsistir. Ese hecho banal hace que ya casi no recordemos que hace cuarenta años ocurrió uno de los últimos actos genocidas de la dictadura cívico-militar fue mandar a pibes de dieciocho, diecinueve años a morir en un territorio helado. Así es que los diarios no mencionan actos oficiales, no salen notas en primera plana.

Vi la película Teatro de guerra, medio documental, medio ficcional, dirigida por Lola Arias, de 2018, donde entrevista a ex combatientes argentinos y británicos. En un momento, tocan una canción, cantada por un inglés, que dice así:

¿Fuiste a la guerra alguna vez?

¿Alguna vez mataste a alguien?

¿Viste alguna vez morir a alguien?

¿Lo viste, lo viste, lo viste

Lo viste, lo viste?

¿Alguna vez fuiste ignorado por el gobierno que te mandó a la guerra?

¿Viste a tu mejor amigo suicidarse?

¿Tuviste a un hombre agonizando en tus brazos?

¿Lo viste, lo viste, lo viste

Lo viste, lo viste?

¿Alguna vez viste un hombre en llamas?

¿Alguna vez viste un hombre ahogarse en un mar helado?

¿Alguna vez fuiste a la tumba de tu amigo con su madre?

¿Fuiste, fuiste, fuiste,

Fuiste, fuiste?

¿Estuviste alguna vez en la guerra?

¿Estuviste alguna vez en la guerra?

Por eso es mejor recordar que unos milicos alucinados nos metieron en el peor infierno de lo peor que ya teníamos alrededor.

No olvidemos a nuestros Héroes de Malvinas. No los olvidemos. No olvidemos que el 24 de marzo está muy cerca del 2 de abril, el principio y el fin de ese espanto  que todavía hoy nos duele.

Fernando

Abril, 2023

domingo, 26 de marzo de 2023

Nombrar


 

Decíamos hace varios años que el valor de las palabras cambia de acuerdo al lugar que ocupan en una frase o texto en tanto que elementos de un sistema de signos; o a quién las dice o en qué idioma o época. En esta oportunidad veremos cómo afecta esta cuestión desde la mirada de quien recibe un nombre.

Todas las cosas, animadas o inanimadas, tienen un nombre. Incluso las que no se pueden decir: innombrable; las que no se pueden explicar con palabras: inefable y hasta las que directamente no se pueden comprender: inconcebible.

La acción de poner nombre a las cosas o personas implica un acto de poder de parte de quien nombra: yo te nombro. Es un verbo performativo, es decir, que al decirlo el hecho ocurre. Como perdonar: yo te perdono. Dicho y hecho, en otras palabras.

¿Qué pasa cuando el nombrado no se siente a gusto con el nombre que le han dado? O mejor, cuando decide cambiar su nombre por uno que lo represente más, que esté más de acuerdo con sus sentimientos, su visión del mundo y de las cosas. En tanto que desafío a la autoridad de quien puso el nombre, es dable esperar que aquél no reconozca la nueva denominación e insista en utilizar el que eligió en un primer momento como una forma de mantener su poderío, de no dar el brazo a torcer: cambiar la manera de llamar a alguien según la elección del nombrado es percibida como un signo de debilidad.

Algo de esto ocurre con el nombre inglés de Turquía: Turkey. Por diversas razones, el 3 de junio de 2022 Turquía pidió a las Naciones Unidas cambiar su nombre, cosa que fue aceptada y entró en efecto de manera inmediata. El nuevo nombre es Türkiye (que le da en inglés una pronunciación bastante similar a la del castellano). Ahora bien, más de ocho meses después, grandes medios de comunicación y organizaciones internacionales insisten en utilizar la vieja palabra: BBC Mundo, The Guardian, Al Jazeera, The New York Times y hasta la FIFA utilizan todavía Turkey en lugar de Türkiye.

Desconocemos cómo habría que protestar por esto, o incluso si el propio país lo ha hecho, pero es claro que a todos estos medios no les importa la decisión que ha tomado un país de cambiar su nombre. 

 

Fernando

Marzo, 2023 

viernes, 24 de marzo de 2023

L * U * G * A * R * E * S


 

En el sifón

Las burbujas que están arriba son las últimas en salir. Cuando la válvula se abre, la presión hace escapar una multitud de agua y gas, una suerte de géiser frío que choca con ímpetu en el fondo del vaso y sube por las paredes en una furia de espuma, pequeñas olas embravecidas que termina en un rocío leve en la superficie junto con sutiles borbotones carbónicos para refrescar la boca seca, salada, solitaria desde hace tiempo tiempo y que parece que así va a continuar por mucho tiempo más.

 

Fernando

Marzo, 2023 

miércoles, 22 de febrero de 2023

¿Existen nuevos sentimientos?

 

Imagen: Netflix

Ella (2013 - 126 min)

Dir: Spike Jonze

Elenco: Joaquín Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara

En un mundo altamente tecnológico, Theodore (Joaquin Phoenix) se dedica a escribir cartas para otras personas, en una empresa que se llama “cartasmanuscritas.com”: él le dicta las cartas a un software, que luego les pone una caligrafía que simula ser a mano y las imprime. A todo esto, Theodore se siente algo solo luego de separarse de su esposa Catherine (Rooney Mara), y decide adquirir un OS (Sistema Operativo) que tiene la capacidad de ir mejorando a medida que se desarrolla. De ahí en más, mantiene una relación muy interesante con Samantha (Scarlet Johansson, de quien solo se oye la voz), al punto de que se vuelven casi inseparables.

En un momento determinado, mientras hace una retrospectiva de su relación con Catherine, Theodore le dice a Samantha: “A veces pienso que ya sentí todo lo voy a sentir. Que a partir de ahora, no voy a sentir nada nuevo”.

Y es un punto bastante interesante, ya que pone de manifiesto los límites de las emociones y sentimientos humanos. Los biólogos mencionan siete emociones básicas: ira, miedo, asco, alegría, tristeza, sorpresa y desprecio. Los sentimientos son emociones filtradas, emociones interpretadas por el organismo. Esto significa que siempre son una representación de la situación del individuo. Pero independientemente de eso, lo que sí parece ser perturbador para Theodore es el hecho de que no va a experimentar ningún sentimiento nuevo en lo que le quede de vida.

Esto parece ser cierto para las personas de existencia real. En efecto, ¿podemos esperar tener nuevos sentimientos? Lo más probable es que se vuelva a experimentar el mismo, en otras circunstancias. Es decir, la alegría se repetirá, solo que en otro contexto, con otras personas. Y así con todo.

Por eso, tal vez, cuando la relación con Samantha se va estrechando es que Theodore siente algo nuevo, ya que hasta ese momento su comunicación con los diferentes softwares que usa a diario es puramente funcional y/o transaccional. En cambio, con Samantha lo que siente es diferente, es nuevo. Alguien podrá decir que no es nuevo lo que experimenta, que lo que cambia son las circunstancias. Concedemos que es cierto. Apuntamos, más bien, a lo novedoso de entablar una relación con una inteligencia artificial, algo que ha sido programado pero que, en el camino, desarrolla un vínculo especial con quien la instaló.

En síntesis, una película que nos permite reflexionar acerca de lo rutinario de nuestras emociones, que se repiten de tanto en tanto, y de si es posible creer que podemos tener de parte de los programas de computación una relación como si fuera una persona física.

 

Fernando

Febrero, MMXXIII 

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