Comprar RELACIONES

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viernes, 13 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 23


 

Los hechos que no tienen una explicación clara son los que más atormentan, quedan dando vueltas en la cabeza, se van y vuelven a cualquier hora del día, en cualquier circunstancia.

Parece, también, que los peores momentos se vuelven aún más horribles para, de pronto, cambiar y provocar una sonrisa, un breve descanso en la caída. ¿Qué hubiera sido de mí sin Laura M. al morir mi vieja? Es algo que, aunque de alguna manera amable, no tiene una explicación clara y se pasa del lado d los hechos que atormentan.

Ahora, en el híper-plasma, me siento solo como en algunos cuadros de Hopper o de Alba Pérez Mansilla. Al no tener corporeidad, los sentimientos son como figuras, imágenes que no sienten propias. Me duelen los recuerdos, no parecen míos. Me duelen es una manera de decir, porque de verdad no tengo esa emoción, es solo la sombra de un recuerdo. Pienso los ojos profundos e inquietos, los rulos apretados, las manos pequeñas y las caricias interminables de Laura M. y no consigo aceptar que ya no esté. Entonces, mis 15 cm3 de híper-plasma son un vacío inconmensurable, como siempre, nomás que ahora tengo verdadera conciencia de ello.

*

El recuerdo que permanece tiene la misma función que una fotografía: hacer eterno un instante. Algo que era intrascendente queda guardado por siempre. Tener la capacidad de mantener un recuerdo tanto tiempo es una desgracia.

En una reunión para conversar sobre una novela saqué el tema de abandonar el híper-plasma. La primera reacción fue de sorpresa. Luego, de desaprobación. Jamás nunca nadie había propuesto una cosa semejante, ¿cómo se me ocurría?

Argumenté que no me servía de nada el estado incorpóreo. Que no podía tener certeza de cuándo habían ocurrido las cosas. Logré aprender a relacionar temas con personas, pero no conseguí quitarles el aire melancólico a los recuerdos. Permanecería por siempre la fotografía de la muerte de las personas que más quise. Riqui, mi vieja, Laura M. esta fue la peor de todas, porque cuando parecía que había llegado un tiempo de felicidad, otra vez una muerte inoportuna. Ese instante fugaz, en el híper-plasma, me perseguiría sin fin, y no estaba dispuesto a convivir con esa sensación.

Me dijeron que convocarían una reunión específica para tratar mi tema. Parecía no estar dentro de las posibilidades salir del híper-plasma.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

jueves, 12 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 22


 

¿Abajo?

Sostengo la puerta con la mano. Luego de un instante, el ascensor se inunda con olor a perfume. Poco después, Voggart ingresa al cubículo. Respira con dificultad y tiene cara de haber pasado una mala noche.

¿Piso?

Planta baja, por favor, dice, y nos reímos.

*

El día resulta complicado. Embarques que se demoran. Clientes que se enojan. El jefe que me manda email, wasaps y golpea el escritorio. ¿Cómo puede ser que un envío a Paraguay termine en Panamá?, pregunta, más bien exige un motivo, algo que le sirva para explicarle al cliente. ¿Cómo no te diste cuenta, Frager?

Pienso en decirle que Panamá y Paraguay ambos dos empiezan con “Pa”, pero rápidamente descarto la idea, el horno no está para bollos.

Lo que sí argumento es que sin dejar de reconocer que no me di cuenta del error, al mismo tiempo tampoco se dio cuenta el agente en origen que el domicilio del consignatario era en Asunción y no en Ciudad de Panamá; como no lo notó el cliente que, por otra parte, la semana anterior había tenido un embarque a Panamá. Y por si todo fuera poco, la referencia del cliente es PTY, vale decir, código IATA del aeropuerto de Tocumen. Le muestro todas las evidencias. Mira. Parece que piensa. Bufa. Conclusión, la culpa es toda mía.

*

¿Piso?

Ocho, por favor, digo con mi mejor sonrisa pero sin poder ocultar el disgusto.

¿Qué te pasó?

Le cuento sucintamente. Se ríe. No sé de qué, pero se ríe.

No te rías de mis desgracias, reclamo.

¿La carga terminó dónde?, me pregunta.

En Panamá, digo.

Y a Panamá vamos.

 

Fernando

Enero, 2023 

miércoles, 11 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 21


 

My name is luka

I live on the second floor

I live upstairs from you

Yes, I think you’ve seen me before

 

Suzanne Vega – “Luka”

La casa de Riqui es un monoambiente, todo forrado en machimbre, incluso el cielorraso. Me dio la llave en el hospital, el último día que lo vi.

Ya hablé con Tomate, me dijo Riqui, no te va a joder.

Nomás te va a pedir algo cada tanto, me dijo también, y que no se te gane nadie en la casa, así que cuidate.

Gracias, Riqui, le dije yo, te quiero un montón.

Rajá de acá, maricón, me dijo, quiero dormir un poco.

*

Los vecinos de arriba son de caminar a buen ritmo, de acá para allá, cada mañana durante veinte minutos, media hora. A la tarde, cada tanto, cogen a los gritos. Ella más que él, a veces. Él más que ella, otras. También me da la sensación de que en ocasiones pasan otras cosas, porque los gritos son de dolor. O no de placer. Son diferentes, al menos.

No los veo nunca, solamente escucho sus pasos y sus gritos, los de placer y los otros. Imagino que son una pareja, aunque no tengo certeza. Les pregunté a Martín y al Duende, pero no saben.

-       ¿Qué sos, ahora, detective?, me dice el Duende

-       Calláte vos, duende, le respondo, ¿qué sabés vos?

-       ¿Y para qué querés saber, se puede saber?

-       Qué se yo, para saber.

-       Parecés una vieja chusma de conventillo, al final.

-       Calláte, Duende, hacéme el favor. O pagáte una cerveza, mejor.

El Duende le hizo señas a Rómulo, que al ratito trajo una botella verde.

-       ¡Eh!, ¿qué me viste, cara de potentado? Traé una marrón, ¿querés?

-       Esta va por Riqui, dijo Rómulo.

Y todos bajamos la cabeza.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

martes, 10 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 20


 

La vida de un desconocido no siempre es interesante de contar.

Anónimo – Siglo XXI

En el híper-plasma puedo organizar recuerdos por tema, o por persona también.

Laura M. es bajita, pero parada al lado del ataúd parece mucho más alta que mi vieja. Veo, apenas, que le acaricia la frente con el dorso de los dedos. Después desaparece por un rato, hasta que siento que me apoya la cabeza en el hombro. Me susurra cosas durante un ratito, como una letanía. Solamente escucho el final de su plegaria:

“Porque dando es como se recibe;

Olvidando, como se encuentra;

Perdonando, como se es perdonado;

Muriendo, como se alcanza la vida eterna”.

Había creído que no tenía más lágrimas, que no tenía más pena, que la agonía justificaba los deseos oscuros. I was wrong. Muy equivocado. Empezaba una nueva agonía, la de esa parte de mí que ya no volvería a ser, que se iba con la muerta. A pesar de las diferencias y de las discusiones y, a veces, de las ganas de irme y no verla. Ahí empezaba la nada, el silencio de su cuerpo rígido acostado en el cajón, de su ausencia definitiva en un rato más.

Las manos de Laura M. son pequeñas, pero envuelven las mías para evitar que tiemblen. Sus ojos profundos se clavan en los míos para evitar que se me escape el alma. Pensé que nunca iba experimentar sentimientos tan intensos por una persona.

I was wrong. Muy equivocado estaba.

 

Fernando

Enero, 2023 

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