Comprar RELACIONES

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miércoles, 11 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 21


 

My name is luka

I live on the second floor

I live upstairs from you

Yes, I think you’ve seen me before

 

Suzanne Vega – “Luka”

La casa de Riqui es un monoambiente, todo forrado en machimbre, incluso el cielorraso. Me dio la llave en el hospital, el último día que lo vi.

Ya hablé con Tomate, me dijo Riqui, no te va a joder.

Nomás te va a pedir algo cada tanto, me dijo también, y que no se te gane nadie en la casa, así que cuidate.

Gracias, Riqui, le dije yo, te quiero un montón.

Rajá de acá, maricón, me dijo, quiero dormir un poco.

*

Los vecinos de arriba son de caminar a buen ritmo, de acá para allá, cada mañana durante veinte minutos, media hora. A la tarde, cada tanto, cogen a los gritos. Ella más que él, a veces. Él más que ella, otras. También me da la sensación de que en ocasiones pasan otras cosas, porque los gritos son de dolor. O no de placer. Son diferentes, al menos.

No los veo nunca, solamente escucho sus pasos y sus gritos, los de placer y los otros. Imagino que son una pareja, aunque no tengo certeza. Les pregunté a Martín y al Duende, pero no saben.

-       ¿Qué sos, ahora, detective?, me dice el Duende

-       Calláte vos, duende, le respondo, ¿qué sabés vos?

-       ¿Y para qué querés saber, se puede saber?

-       Qué se yo, para saber.

-       Parecés una vieja chusma de conventillo, al final.

-       Calláte, Duende, hacéme el favor. O pagáte una cerveza, mejor.

El Duende le hizo señas a Rómulo, que al ratito trajo una botella verde.

-       ¡Eh!, ¿qué me viste, cara de potentado? Traé una marrón, ¿querés?

-       Esta va por Riqui, dijo Rómulo.

Y todos bajamos la cabeza.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

martes, 10 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 20


 

La vida de un desconocido no siempre es interesante de contar.

Anónimo – Siglo XXI

En el híper-plasma puedo organizar recuerdos por tema, o por persona también.

Laura M. es bajita, pero parada al lado del ataúd parece mucho más alta que mi vieja. Veo, apenas, que le acaricia la frente con el dorso de los dedos. Después desaparece por un rato, hasta que siento que me apoya la cabeza en el hombro. Me susurra cosas durante un ratito, como una letanía. Solamente escucho el final de su plegaria:

“Porque dando es como se recibe;

Olvidando, como se encuentra;

Perdonando, como se es perdonado;

Muriendo, como se alcanza la vida eterna”.

Había creído que no tenía más lágrimas, que no tenía más pena, que la agonía justificaba los deseos oscuros. I was wrong. Muy equivocado. Empezaba una nueva agonía, la de esa parte de mí que ya no volvería a ser, que se iba con la muerta. A pesar de las diferencias y de las discusiones y, a veces, de las ganas de irme y no verla. Ahí empezaba la nada, el silencio de su cuerpo rígido acostado en el cajón, de su ausencia definitiva en un rato más.

Las manos de Laura M. son pequeñas, pero envuelven las mías para evitar que tiemblen. Sus ojos profundos se clavan en los míos para evitar que se me escape el alma. Pensé que nunca iba experimentar sentimientos tan intensos por una persona.

I was wrong. Muy equivocado estaba.

 

Fernando

Enero, 2023 

lunes, 9 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 19


 

Llegué diez menos cinco a Constitución y Riqui ya estaba. Fui con el Duende y con Martín, que llevó el mate y unos bizcochitos buenísimos de la panadería de la hermana. El Duende llevó flores. Riqui no dijo nada, pero nos dimos cuenta de que estaba contento porque no protestó.

Salimos 10:18 del andén 12. El viaje se hizo largo porque en Berazategui se descompuso una persona y tardaron bastante en asistirla. Martín cebó unos mates. El plan de Riqui era sencillo: plantarnos frente a la casa de gobierno y hacer unas pintadas en el piso para denunciar la corrupción.

Apenas bajamos el Duende dijo que tenía que ir a mear urgente. Los baños de la estación La Plata estaban cerrados. Por suerte encontramos una galería comercial ahí al toque y el tema no pasó a mayores. Ya venía bastante insoportable por la demora, y encima aguantarlo meado hubiera sido imposible.

Seguimos por la Diagonal 80 hasta la Plaza San Martín. Cuando llegamos era todo un quilombo: había una marcha de docentes y la policía estaba reprimiendo. Enseguida, Riqui y el Duende se pusieron del lado de los maestros, ayudaron a tirar piedras y les pintaron los escudos a los canas con los aerosoles. Corrimos lejos de la plaza cuando aparecieron los carros hidrantes.

*

A la noche, en lo de Rómulo, Riqui dijo que había que volver.

-       Mejor vamos a Plaza de Mayo, dijo Martín.

-       Vos estás mal, Tincho, ¿voltear al presidente?

-       No, voltear al presidente no, pero nos queda mucho más cerca. Acordáte que este casi se mea.

A Riqui lo agarramos justo, que si no le baja un par de dientes a Martín.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

sábado, 7 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 18

En el híper-plasma puedo organizar los recuerdos por tema, o por persona, también.

La voz de Voggart es áspera, aguardentosa. Se ríe con facilidad y tiene una mirada franca. Nos encontramos en el ascensor, Voggart pregunta:

-       ¿Piso?

Yo contesto:

-       Cielo.

Y al cielo vamos.

Recuerdo de un lago. Una casa abandonada. Grafitis por todas partes. “Para qué desconocernos si podemos encontrarnos, BB”, dice en varias paredes. Llama la atención que no hay olor a orines.

Voggart sube por una escalera. Desde la terraza se distingue todo el lago, una casa oculta en medio de la arboleda. Voggart pregunta:

-       ¿Quiénes viven ahí?

Yo respondo:

-       Vos y yo.

Y a la casa del bosque vamos.

*


No hace frío, pero hay un fuego encendido en el hogar. Me acerco a la ventana. Hay una canilla que gotea. Un pajarito se acerca y se posa en el caño. Bebe agua durante un momento. Le saco unas fotos, pero se asusta con el ruido de la cámara y se va. Reviso las tomas. Solo una quedó bien, las otras son imágenes fantasmales.

Voggart preparó café. No sentamos en los sillones del living. La bandeja está apoyada sobre la mesa baja, frente al hogar. El vapor de las tazas se confunde con el humo de los leños. Voggart bebe sorbos cortos y nos quedamos un rato en silencio, miramos la arboleda por la ventana, hasta que se hace la hora de regresar.

 

Fernando

Enero, 2023
 

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