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domingo, 29 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 35

 



Ya en el remís Laura M. no tenía buena cara. Aunque el auto era una risa (tapizado animal print, luces negras, volante con un cobertor de peluche) y el conductor muy gracioso, no lograba ni siquiera una sonrisa.

        ¿Qué te pasa?

        No sé, me duele mucho la panza.

        Debe ser el veneno.

        Sí, capaz.

Le pedí al chofer que parara en una farmacia. Compré algunas pastillas para el dolor estomacal, polvitos efervescentes, gotas de boldo y consulté dónde quedaba el hospital. Cuando llegamos, Laura M. estaba pálida y algo afiebrada. Le pregunté al remisero si no iba hasta la farmacia a comprar un termómetro. Dijo que sí, que por supuesto.

Cuando volví, Laura M. estaba en el baño, vomitando. Después de un rato sin que me respondiera, entré. Estaba tirada en el piso, y no paraba de gemir. Justo llegó el auto. El muchacho me preguntó cómo seguía. Le dije que más o menos. Le pedí su número de celular, por si necesitaba salir de raje al hospital. Claro que sí, tomá, y me dio su tarjeta. Es más, me dijo, voy a estar un rato en el bar de la esquina por si las moscas. Le agradecí un montón. Laura M. tenía 39,5 °C

*

En la guardia me dijeron que descartaban una apendicitis porque los síntomas no coincidían. Que le hicieron una ecografía y vieron cálculos en la vesícula, y la iban a operar de urgencia. Durante la cirugía, verían si además se podría tratar de otra cosa. Nunca vieron. Laura M. se murió en el quirófano sin que nadie pudiera decirme exactamente qué había pasado. El caso llegó a los medios. Los médicos fueron sancionados. Laura M. fue internada, muerta y sepultada. Al tercer día no resucitó, sigue entre los muertos. Igual que yo, que solo necesito la formalidad de que mi corazón deje de latir.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

viernes, 27 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 34

 



Abro los ojos. No duelen. No arden. Solo veo todo borroso. Me parece que hay alguien ahí, pero de verdad veo poco y nada. Quiero hablar y no me sale la voz. Me inquieto. Me revuelvo en el sillón –un sillón que no conozco–.

        ¿Dónde estoy?, pregunto con una voz bastante rasposa, como si hubiera fumado toda una noche.

        En mi casa. Yo soy la vecina del C

        ¿Qué hago acá? ¿Cómo llegué?

        Yo te traje. Estabas perdido, sin poder regresar.

        ¿Cómo es posible?

        ¿Qué cosa?

        Que me haya traído. ¿Usted puede entrar en mis viajes?

        Claro, en el híper plasma todo es posible.

        ¡Qué! ¿Cómo que en el híper plasma?

        Y sí, ¿cómo pensabas que ocurrían los viajes?

        Con la mente, los deseos. Voggart, usted misma me dijeron que había que desear con todas las fuerzas.

        Sí, sí, pero eso no quiere decir que pueda hacerse en el mundo físico.

        Pero todo parece tan real.

        Son los escenarios del híper plasma, parecen muy reales.

        Me quiero morir, no puede ser.

        De hecho, ya estás muerto. El comité de evaluación determinó que te van a desconectar.

        ¡Ah, qué bien!

        Tal vez.

        ¿Por qué?

        Esto es algo que se hará por primera vez, no sabemos qué puede ocurrir al desconectar un SHP.

        ¿A qué le temen?

        Más que nada a que se produzcan repercusiones y vacíos en el resto de los SHP’s, cada uno es importante para mantener la coherencia interna del híper plasma. Sin un segmento, uno que se desconecte, puede ocurrir que toda la actividad, todas las creaciones se pierdan al sacarlo de la granja. Y eso sin duda afectará a los segmentos que queden activos. Sería como una amputación.

        Pero puede seguir adelante. El híper plasma es mucho más que cada una de sus partes. O eso nos decían.

        Sí, sin duda podrá seguir. Pero cuánta información se pierda es imprevisible.

        Ha habido enromes pérdidas en la historia de la humanidad, y sin embargo, se siguió andando.

        Sí, pero no es igual.

        No entiendo.

        Es que esto es el híper plasma. Ya no hay humanidad.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

jueves, 26 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 33

 



        ¡Mmmmm! Esto está mortal, exclamó, se relamió, disfrutó Laura M.

        ¿Qué? ¿Está envenenado?, comenté, acoté, me burlé.

        ¡Sí! No lo comas, dejáme todo a mí, retrucó, contraatacó, sentenció Laura M.

Nos reímos. Nos sobresaltamos cuando Lager se revolvió en su sueño, se levantó y gimió.

        Seguro tuvo un mal sueño, comentó Laura M., mientras le acariciaba la cabeza y le rascaba detrás de las orejas.

Lager seguía gimiendo, hasta que apareció Julia desde la penumbra –ahora más intensa por las nubes que se cerraron todavía más, si eso era posible– de la cocina.

        ¡Lager, chiquito!, vení acá, ¿qué te pasa?

Lager, sin embargo, no se movió de al lado de Laura M. se calmó pasado un buen rato, aunque se mantuvo en su lugar sin moverse ni un poco. Laura M. no dejó de acariciar a Lager. También se las ingenió para tomar cerveza y comer la picada.

        ¡Ah, qué riquísimo que está todo!, podría comer esto para siempre, se ilusionó Laura M.

Julia apareció con más dos pintas de cerveza porter y unas botellas de agua gasificada.

        El antídoto para el veneno, comentó.

*

Durante cinco minutos más o menos la lluvia cayó con gran intensidad. Nos acercamos a la puerta a mirar y nos sorprendió que la calle se había convertido en un río que arrastraba ramas y basura.

Pasada la furia de la precipitación, el agua caía recta, continua, pero más calma. Volvimos a sentarnos. Se estaba haciendo tarde, y Laura M. se sentía cansada. Le pregunté a Julia si tenía el número de un remis. Me dijo que sí, que al lado había un muchacho que nos podría llevar sin problema.

 

Fernando

Enero, 2023 

miércoles, 25 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 32

 



¡Que prenda! ¡Que prenda! Prendió. El primer fósforo, prendió. Las llamas en el papel y en la pinocha se extendieron de a poco a las pequeñas ramas y luego empezaron a lamer los troncos. Una vez que el fuego estuvo lo suficientemente intenso, volví a recostarme en el sillón.

El viento hacía zumbar las ramas de los árboles. Pensé en subir a ver si llovía, pero me sentía cansado, tenía la vista nublada todavía, después de la telaraña. El ojo ya no me dolía, pero seguía teniendo un poco de ardor. Si descanso un rato puede que se me pase, pensé. Puse un leño más en el fuego, y me recosté con los pies hacia arriba y la cabeza apoyada en un almohadón.

*

No tengas miedo. No intentes nada. El agua no busca mover la piedra, la rodea. Yo soy y no soy Voggart. Los recuerdos o los sueños son enemigos del futuro. Buscá tu camino en el río, en el abismo. Nada hay más firme que un tembladeral.

Me desperté con un trueno. No podía saber cuánto había dormido. Repetí varias veces las frases de Voggart para recordarlas. Pronto supe que era inútil, me las olvidaría enseguida. Decidí recordar el concepto. Ya inventaría luego frases similares que sirvieran para sugerir la idea.

Ahora tenía que resolver un tema más urgente: encontrar algo para comer. En la cocina no encontré nada. Caminé alrededor de la mesa sin razón aparente. ¿Qué me hacía pensar que caminar alrededor de la mesa me ayudaría a encontrar comida? El viento seguía soplando. Un poco más fuerte. Un poco más despacio. Hubo un trueno, un portazo, un grito. Escuché “Frager” con claridad. ¿Voggart, sos vos? Otra vez escuché que me llamaba, pero no estaba seguro. Encaré la escalera. No había subido ni dos gradas cuando vi a Voggart en el rellano. Me pareció que sostenía un vaso, pero tuve que cerrar los ojos, otra vez volvió el ardor. Voggart, llamé, ayudáme a subir. O vení acá, hay un lindo fuego el hogar.

No contestó. De nuevo le hablé y de nuevo, nada. Como pude, volví al sillón. Tal vez las lágrimas se llevarían las basuras del ojo.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

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