Comprar RELACIONES

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viernes, 27 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 34

 



Abro los ojos. No duelen. No arden. Solo veo todo borroso. Me parece que hay alguien ahí, pero de verdad veo poco y nada. Quiero hablar y no me sale la voz. Me inquieto. Me revuelvo en el sillón –un sillón que no conozco–.

        ¿Dónde estoy?, pregunto con una voz bastante rasposa, como si hubiera fumado toda una noche.

        En mi casa. Yo soy la vecina del C

        ¿Qué hago acá? ¿Cómo llegué?

        Yo te traje. Estabas perdido, sin poder regresar.

        ¿Cómo es posible?

        ¿Qué cosa?

        Que me haya traído. ¿Usted puede entrar en mis viajes?

        Claro, en el híper plasma todo es posible.

        ¡Qué! ¿Cómo que en el híper plasma?

        Y sí, ¿cómo pensabas que ocurrían los viajes?

        Con la mente, los deseos. Voggart, usted misma me dijeron que había que desear con todas las fuerzas.

        Sí, sí, pero eso no quiere decir que pueda hacerse en el mundo físico.

        Pero todo parece tan real.

        Son los escenarios del híper plasma, parecen muy reales.

        Me quiero morir, no puede ser.

        De hecho, ya estás muerto. El comité de evaluación determinó que te van a desconectar.

        ¡Ah, qué bien!

        Tal vez.

        ¿Por qué?

        Esto es algo que se hará por primera vez, no sabemos qué puede ocurrir al desconectar un SHP.

        ¿A qué le temen?

        Más que nada a que se produzcan repercusiones y vacíos en el resto de los SHP’s, cada uno es importante para mantener la coherencia interna del híper plasma. Sin un segmento, uno que se desconecte, puede ocurrir que toda la actividad, todas las creaciones se pierdan al sacarlo de la granja. Y eso sin duda afectará a los segmentos que queden activos. Sería como una amputación.

        Pero puede seguir adelante. El híper plasma es mucho más que cada una de sus partes. O eso nos decían.

        Sí, sin duda podrá seguir. Pero cuánta información se pierda es imprevisible.

        Ha habido enromes pérdidas en la historia de la humanidad, y sin embargo, se siguió andando.

        Sí, pero no es igual.

        No entiendo.

        Es que esto es el híper plasma. Ya no hay humanidad.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

jueves, 26 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 33

 



        ¡Mmmmm! Esto está mortal, exclamó, se relamió, disfrutó Laura M.

        ¿Qué? ¿Está envenenado?, comenté, acoté, me burlé.

        ¡Sí! No lo comas, dejáme todo a mí, retrucó, contraatacó, sentenció Laura M.

Nos reímos. Nos sobresaltamos cuando Lager se revolvió en su sueño, se levantó y gimió.

        Seguro tuvo un mal sueño, comentó Laura M., mientras le acariciaba la cabeza y le rascaba detrás de las orejas.

Lager seguía gimiendo, hasta que apareció Julia desde la penumbra –ahora más intensa por las nubes que se cerraron todavía más, si eso era posible– de la cocina.

        ¡Lager, chiquito!, vení acá, ¿qué te pasa?

Lager, sin embargo, no se movió de al lado de Laura M. se calmó pasado un buen rato, aunque se mantuvo en su lugar sin moverse ni un poco. Laura M. no dejó de acariciar a Lager. También se las ingenió para tomar cerveza y comer la picada.

        ¡Ah, qué riquísimo que está todo!, podría comer esto para siempre, se ilusionó Laura M.

Julia apareció con más dos pintas de cerveza porter y unas botellas de agua gasificada.

        El antídoto para el veneno, comentó.

*

Durante cinco minutos más o menos la lluvia cayó con gran intensidad. Nos acercamos a la puerta a mirar y nos sorprendió que la calle se había convertido en un río que arrastraba ramas y basura.

Pasada la furia de la precipitación, el agua caía recta, continua, pero más calma. Volvimos a sentarnos. Se estaba haciendo tarde, y Laura M. se sentía cansada. Le pregunté a Julia si tenía el número de un remis. Me dijo que sí, que al lado había un muchacho que nos podría llevar sin problema.

 

Fernando

Enero, 2023 

miércoles, 25 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 32

 



¡Que prenda! ¡Que prenda! Prendió. El primer fósforo, prendió. Las llamas en el papel y en la pinocha se extendieron de a poco a las pequeñas ramas y luego empezaron a lamer los troncos. Una vez que el fuego estuvo lo suficientemente intenso, volví a recostarme en el sillón.

El viento hacía zumbar las ramas de los árboles. Pensé en subir a ver si llovía, pero me sentía cansado, tenía la vista nublada todavía, después de la telaraña. El ojo ya no me dolía, pero seguía teniendo un poco de ardor. Si descanso un rato puede que se me pase, pensé. Puse un leño más en el fuego, y me recosté con los pies hacia arriba y la cabeza apoyada en un almohadón.

*

No tengas miedo. No intentes nada. El agua no busca mover la piedra, la rodea. Yo soy y no soy Voggart. Los recuerdos o los sueños son enemigos del futuro. Buscá tu camino en el río, en el abismo. Nada hay más firme que un tembladeral.

Me desperté con un trueno. No podía saber cuánto había dormido. Repetí varias veces las frases de Voggart para recordarlas. Pronto supe que era inútil, me las olvidaría enseguida. Decidí recordar el concepto. Ya inventaría luego frases similares que sirvieran para sugerir la idea.

Ahora tenía que resolver un tema más urgente: encontrar algo para comer. En la cocina no encontré nada. Caminé alrededor de la mesa sin razón aparente. ¿Qué me hacía pensar que caminar alrededor de la mesa me ayudaría a encontrar comida? El viento seguía soplando. Un poco más fuerte. Un poco más despacio. Hubo un trueno, un portazo, un grito. Escuché “Frager” con claridad. ¿Voggart, sos vos? Otra vez escuché que me llamaba, pero no estaba seguro. Encaré la escalera. No había subido ni dos gradas cuando vi a Voggart en el rellano. Me pareció que sostenía un vaso, pero tuve que cerrar los ojos, otra vez volvió el ardor. Voggart, llamé, ayudáme a subir. O vení acá, hay un lindo fuego el hogar.

No contestó. De nuevo le hablé y de nuevo, nada. Como pude, volví al sillón. Tal vez las lágrimas se llevarían las basuras del ojo.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

martes, 24 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 31

 



Entramos en el momento en que empezó a llover. Nos costó acostumbrar la vista, porque estaba iluminado con luces tenues, y los muebles eran de madera oscura. Hacía bastante calor, y se respiraba el olor de la cocina: carnes rojas, coles, fritura de cebolla y ajo, pimienta.

Nos atendió Julia, la misma de las cabañas Sherwood.

        ¡Pero!, ¿usted?

        Lo mismo digo, dijo con una carcajada y nos invitó a sentarnos.

Lager se echó a nuestros pies y pronto se quedó dormido.

        ¿Usted lo entrena para que le traiga clientes?

        ¿A Lager? ¡No, qué va!

        ¿En serio se llama Lager?

        Si ustedes le dicen Lager, Lager se llama

        Ah.

        ¿Qué van a querer?

        Cerveza, claro.

        ¿Algo para picar? Tengo unas salchichas con chucrut que les van a encantar. Y si no unas costillitas con salsa agridulce muy buenas.

        Ehhhh…

        Listo, les traigo de las dos.

Y se perdió en la penumbra hacia la cocina.

Laura M. me miró, divertida, y yo encuadré su cara entre las manos como haría un director de cine. O como se ve en las películas, no conozco ningún director de cine personalmente.

        ¿Qué película filmarías conmigo?

        ¿Nueva o remake?

        Remake.

        ¡Bandoleros! Vos harías el personaje de Rachel Welch, por supuesto.

        Mirá, pensé que ibas a decir Un millón de años antes de Cristo.

        Podía ser, pero ahí no hablan, y no quisiera perderme el placer de escuchar tu voz.

        ¡Qué director tan tierno!

        Gracias, gracias.

        ¿Y si tuvieras que hacer una película nueva?

        ¡Uh, qué difícil! No soy bueno para inventar historias.

        Te doy una ayudita. Sería una de suspenso.

        Suspenso. Me gustan las de suspenso. A ver, perá, dejáme pensar. Sí, ya sé, algo así, cuchá: el mundo está en una crisis global muy seria. Hay guerras, catástrofes naturales y políticas por todos lados. Una toma aérea muestra aviones que sobrevuelan Plaza de Mayo, mientras la gente camina preocupada por sus obligaciones pero ni se imaginan lo que se avecina.

        ¿Y cómo filmás eso? Jajaja.

        ¡Perá!, que me desconcentro.

        Perdón, perdón, seguí.

        La toma aérea empieza a bajar y se mete en los pasillos del subsuelo del Banco Nación, recorre la fila interminable de cadetas y cadetes que van a pagar las cargas sociales. Primero rápida. Todos miran a cámara pero no se les distinguen los rasgos.

        Como en The Wall.

        Claro, así. De a poco, la cámara empieza a ir más despacio, las caras comienzan a hacerse nítidas hasta que se detiene en la carcajada de una chica que está con un pible que habla boludeces. Se sientan en el piso. Se besan. Corte. La cámara otra vez recorre el pasillo, primero lenta y de a poco va tomando velocidad hasta que todo es un fundido, como si viajara por un túnel de luz. Sale a la plaza y todo es destrucción, fuego, humo, cadáveres, gente que corre, que grita, que busca refugiarse de los ataques.

        Pero perá, ¿en el ’55 ya se pagaban cargas sociales?

        No sé, ¿pero quién dice que es en el ’55? Más adelante se vería que vuelve a haber un bombardeo a la plaza.

        La historia se repite.

        Sí, pero el mensaje sería que el odio no se terminó.

        Ah, interesante, me gusta.

        Esto les va a gustar más, interrumpe Julia, y deja las cervezas y la picada.

 

Fernando

Enero, 2023 

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