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lunes, 23 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 30

 




La casa no es como la que había pensado. Esta tiene unas rejas oxidadas, y tengo que trepar por un árbol para ingresar: las puertas y ventanas de la planta baja están cerradas y no hay manera de abrirlas.

Por dentro se parece bastante a la casa del bosque, si bien está muy descuidada. Busco en los dormitorios, en el baño, el cuarto de enseres del primer piso. Nada. Voggart no está. Bajo por las escaleras a los manotazos para apartar las telarañas. Se me mete una en un ojo y tropiezo en los escalones más bajos. Voy a la cocina, no sale agua. El ojo me arde y me resulta imposible mantenerlo abierto de tanto que molesta y lagrimea. Me lo tapo con la mano para mantenerlo cerrado, y con el otro medio abierto llego hasta el sillón que está frente al hogar. Me siento y miro al piso. Sostengo con dos dedos las pestañas del párpado superior y muevo el inferior de forma enérgica para que las pestañas sirvan como escobilla para barrer las impurezas que entraron al ojo. Terminado el proceso, lo abro despacio. Siento una mejoría, pero todavía arde bastante. Reclino la cabeza en el sillón y me quedo así un rato.

Abro los ojos después de un tiempo. Me molesta apenas. Ya no puedo distinguir se la molestia es real o solo es el recuerdo de que hubo algo ahí. Me acerco a la ventana y noto que es de noche. Me debo haber quedado dormido. Busco el celular para mirar la hora, pero está sin batería. Si no hay agua seguro que no hay luz tampoco, pienso. Acciono la perilla que tengo más cerca. Nada. Intento en la cocina, tal vez esa lamparita está quemada. También nada. Bueno, solo falta que sea luna nueva, me digo, así la oscuridad es total, y que justo pase por acá una jauría de lobos hambrientos y me coman. Tengo a favor que las aberturas de planta baja están cerradas, y los lobos tendrían que subir por los árboles. Difícil, me consuelo mientras busco por ahí unos fósforos o algo para encender un fuego. ¿Quién me habrá mandado dejar de fumar, no?

Ojalá haya una caja de fósforos, pienso con todas mis ganas. Encuentro en la cajonera del bajo mesada una caja de Ranchera con dos (2) unidades. Es de esas que ya no hay, de cera, con la cabeza azul. No sé si estarán ahí desde hace tanto o es que además viajé en el tiempo. Como sea, busco papel o ramas secas para empezar una fogata. Está empezando a hacer frío, se levantó viento y algo debe pasar porque por más que pido, no consigo volver a casa. Será porque estoy muy cansado. O porque no se puede viajar más de una vez un mismo día. No lo sé, Voggart no me explicó cómo funciona, solamente me dijo que hay que desear con todas las fuerzas.

Pero Voggart tampoco aparece.

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

domingo, 22 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 29


 

Nos pasábamos largos ratos, desnudos, en la terraza del departamento que alquilamos por una semana en Mar de los Llanos, junto a la playa. Era abril y hacía bastante calor. No había otros turistas en el complejo, así que nos quedamos tranquilos sabiendo que no nos iban a denunciar por atentado a la moral y las buenas costumbres.

La piel de Laura M. era morena, y parecía un helado de chocolate y vainilla al descubrir las zonas que rara vez quedan expuestas al rayo del sol. Me gustaba verla así, medio dormida en la reposera, disfrutando del vaivén de su pecho y de su vientre con cada respiración. Tal vez suene extraño, pero me producía una calma inmensa verla así, desnuda, tranquila, lejos por un instante de las preocupaciones diarias, su cuerpo ondulante como un mar calmo. Sea of Tranquility, pensé y me reí fuerte.

        ¿Qué hacés?

        Te miro.

        Jajaja, ¿hace mucho?

        Un rato, no sé.

        ¿No te aburrís?

        ¿De mirarte? ¡Nunca!

        Sos lindo.

        Vos más.

Pero así como podía estar calmo, de pronto su cuerpo se ponía tormentoso y estuvo contoneándose y retorciéndose un buen rato, hasta recuperar la tranquilidad.

Después nos duchamos y salimos a caminar un rato. En la playa nos cruzó un perro con un collar rojo. Se ve que no tenía nada mejor que hacer, y nos siguió por la costa y cuando salimos de la playa. Se había levantado viento, y decidimos caminar por las calles arenosas, llenas de árboles, casas aquí y allá, puestas como al voleo. Al perro le pusimos Lager, una mezcla de nuestros nombres. Lager, traé el palito. Lager, sit. Lager, hacé el muertito. El perro nos miraba, divertido, sin hacer nada de lo que le pedíamos. Lager, hacé caso, carajo, le gritó Laura M., y Lager empezó a gemir y a llorar, claramente ofendido. Bueno, bueno, Lager, no llorés más, vení, vení, perrito lindo, le dijo Laura M., y Lager recuperó el buen talante. El tema es que de tanto nombrarlo nos vinieron ganas de tomar cerveza.

Lager, llevános a una taberna, le dije.

Increíblemente, el pero echó a andar. Lo seguimos, muertos de risa y algo preocupados porque se estaba formando una tormenta. Lager corría, y cada tanto paraba y miraba hacia atrás como para asegurarse de que lo seguíamos. En un momento se escuchó un silbido y Lager salió disparado. Corrimos también, pero era imposible alcanzarlo. Después de una cuadra dejamos de correr y seguimos andando.

        ¿Lo ves?

        No, se escapó.

Hicimos una cuadra más. Laura M. lo llamó, y entonces Lager apareció desde una casa y se quedó ahí, ladrando en medio de la calle, contento de vernos. Nos hizo fiestas cuando llegamos, y los dos hicimos ¡plop! Al leer el cartel: CANTINA – BIERHAUS “DIE ROTE LATERNE” – COMIDA ALEMANA.

 

Fernando

Enero, 2023 

sábado, 21 de enero de 2023

Autobiografía de Günter Frager - Capítulo 28


 

La idea de la muerte siempre fue diferente en mi casa. No era lo opuesto a la vida, sino una parte de ella.

Alejandra Kamiya – “Partir”

Estrellas. Luna. Noche. Cena. Cine. Sueño. Despertador. Sol. Balcón. Nubes. Café. Leche. Frutas. Agua. Ducha. Ropa. Celular. Ascensor. ¿Abajo?

        ¿Usted es el muchacho del B?

        Soy, sí.

        Mucho gusto, yo soy del C. no nos conocemos, pero lo sé todo de usted y Voggart.

Me río.

        No, no soy bruja. Saber no te convierte en bruja.

        ¿Y cómo sabe?

        No lo sé, pero sé.

        Solo sé que lo sé todo.

        Todo no, solo algunas cosas, algunas veces, de algunas personas.

        Usted le enseñó a Voggart.

        O Voggart a mí.

        ¿De verdad?

        Claro. Las personas jóvenes también pueden enseñar.

        Y las mayores pueden aprender.

        Por supuesto.

        ¿Dónde está Voggart ahora?

        No lo sé.

        Usted me hace reír.

        Es que no sé dónde está, de verdad. Sé que está bien, pero me impide saber su ubicación.

        ¿Por qué?

        Porque así lo decide. Voggart tiene un poder enorme.

        ¿Por qué nunca la había visto a usted antes?

        Porque no era necesario.

        ¿Y qué cambió?

        Creo que eso usted ya lo sabe, señor Günter.

        Ah, sí, creo que ya lo sé.

        Hasta luego, que tenga un buen día.

        Gracias. Igual usted

*

Entonces así iba a ser dejar de vernos. De la noche a la mañana y con una enviada, o aparecida, tal vez soñada vecina del 12 C. ¿Dónde estará Voggart? ¿A qué lugar le hubiera gustado ir a esta altura del año? A la casa del bosque, pensé.

Y a la casa del bosque fui.

*

O casi. El bosque estaba; la casa, no. El follaje espeso y alto me impedía ver el cielo y no conseguí orientarme. Por unos haces de luz entre las ramas que parecían un atardecer deduje que por ahí sería el oeste. Deducción impecable e inútil por completo, ya que no sabía para dónde tenía que ir, de modo que si iba al sur o al este, daba lo mismo.

Me concentré, entonces, en el suelo, para ver si descubría un sendero, o huellas de animales que pudieran indicar un camino hacia el agua. Nada. Estaba en un lugar por el que parecía no habar transitado nadie desde el comienzo de los tiempos.

Una cosa era cierta: había logrado trasladarme con solo desearlo. La segunda cosa cierta era que no me había salido del todo bien. Vi un tronco caído y decidí sentarme un rato. Los árboles caídos también son el bosque, pensé. ¿Sería yo un árbol caído? ¿Sería Voggart un árbol en pie? ¿Habría muerto? No, no, no había muerto, no. La mujer había dicho que Voggart estaba bien. Pero podía ser que estuviera bien en el más allá. Como en las películas de espíritus o de fantasmas.

¡Ah, cómo me gustaría estar en una casa!

Y a una casa fui.

 

Fernando

Enero, 2023 

Bad dream


 

Soñé que me despertaba

en ese seudo despertar

pensé uh, menomal,

era solamente un sueño

y seguí durmiendo

 

Cuando finalmente desperté

me di cuenta de que todo lo que soñé

era verdad

 

Fernando

Enero, MMXXIII 

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