domingo, 18 de marzo de 2018

Votar contra nuestros propios intereses

 Colonización de la subjetividad; Merlin, Nora; Letra Viva; Buenos Aires; 2017; 155 páginas.

Un recorrido psicoanalítico y polìtico acerca del neoliberalismo y sus consecuencias para las clases populares. 

 con el objetivo de proteger la democracia entendida como pluralidad de voces en el espacio público, resulta imperioso desenmascarar los dispositivos con que operan los medios 

(Pág. 97)





Colonización de la subjetividad  es uno de esos libros que uno debería subrayar por completo, ya que cada párrafo, cada capítulo, está lleno de frases y conceptos que nos mueven a la reflexión, esa actividad cada vez más en desuso en nuestras sociedades.

Desde siempre la TV ha sido llamada "la caja boba", y con la extensión de la televisión por cable en los '80, el aparato de TV terminó siendo la niñera de nuestros hijos al invadir sus cuartos y sus sueños. Así, con los chicos entretenidos, los padres (agotados luego de extensas jornadas laborales) podíamos dedicarnos a discutir tranquilos y armarnos nuestros futuros de divorciados. Pero en fin, tal vez esto sea demasiado personal y el espectador desprevenido (tanto que se ha puesto a leer un blog), piense que no tiene relación con el tema.
(Si alguien reclama el copyright de esta foto la quito en seguida, pero no logro recordar de dónde la tomé)

La publicidad y el marketing, como bien nos dice Nora Merlin, hacen de nosotros seres masificados. Hemos reemplazado el consejo de nuestros mayores por el mensaje que nos envía la publicidad por televisión, y hoy en día la internet, que está cada vez más cerca: nuestros "teléfonos inteligentes" son una incitación permanente al consumo irracional y basado en estímulos más que en decisiones meditadas. Eso que Freud llamó "ideal del yo" es lo que nosotros tomamos por lo que la sociedad de consumo espera que seamos: consumidores. (Pensemos por un instante que ya no tenemos "defensor del pueblo" sino "Defensa del CONSUMIDOR") (De cualquier forma, no tomen este párrafo tan literalmente, es mi interpretación de un tema que no domino del todo. Aconsejo leer el libro de Nora Merlin, o asesorarse por un entendido en psicoanálisis)

Así, la sociedad de consumo crea consumidores, y no ya ciudadanos. Sin que esto fueran tan notorio en aquellos tiempos, de cualquier modo ya estaba surgiendo. Dice Nora Merlin en la página 43:



 "Freud, en su ensayo "El malestar en la cultura", puntualiza que el prójimo constituye un motivo de tentación para satisfacer la agresividad, explotarlo, apoderarse de sus bienes, humillarlo, martirizarlo y matarlo"

Y más adelante:

"el machismo (...) se trata de un vínculo entre alguien que encarna el lugar de sujeto y otro el del objeto, definido por ser una cosa de propiedad privada, susceptible de ser usada, explotada, abusada, para ejercer sobre ella poder, dominio y maltrato."

Todo aquél que crea que esto es válido solo para la relación de poder que ejerce el macho sobre la mujer y no vea relación con lo que le pasa a diario en la oficina, necesita urgente revisitar su concepción acerca del machismo y de la influencia de la publicidad permanente a la que lo someten la televisión y su hija dilecta, Internet.

 A la luz de todo esto, duele pensar que todo el armado de la que se llamó "patria grande" siga un camino incierto estos días. Si bien el trabajo del llamado neoliberaismo parece infranqueable -los mismos que nos gobiernan, cuando se vayan (si se van) habrán dejado al país sumido en una deuda centenaria que cobrarán ellos mismos-, no hay que cejar en el esfuerzo de llegar a una república que ponga trabas a los empresarios en el gobierno (algo que parece sectario y excluyente, pero necesario de alguna manera, en vista del daño que estos producen con su accionar corporativo en las clases trabajadoras y que viven de un salario).

Desarticular los medios concentrados de comunicación, volver a tener una educación pública fuerte y que logre una conciencia sobre el neoliberalismo igual o superior a la lograda con la última dictadura cívico-militar; y, fundamentalmente, desarticular el marketing político, serían fundamentales, ya que a lo que se ha llegado es a un electorado irracional que elige muchas veces en contra de sus propios intereses.




Esto último lo digo yo, aunque no dudo de que la autora pueda estar de acuerdo con mis reflexiones, ya que ese es el espíritu de este libro.


 
Plato neoliberal

 Fernando Berton
Marzo, MMXVIII

 
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