domingo, 28 de mayo de 2017

Y nada más importa


Tierra Partida nos da la sensación de estar empezada para cuando nos sentamos en nuestras butacas: payasas que nos conducen a los gritos y con simpatía, músicos en lo que más tarde será la escena, narradores que nos dan la bienvenida. Narradores que, en breve, nos dirán de qué va la cosa: hacer una obra de teatro como si fuera un país.

Para ello, en una mezcla de circo, sainete y grotesco, diecinueve actores y de cuatro a seis músicos, nos harán un recorrido más que interesante entre los finales de la Revolución de Mayo de 1810 y la firma de la Constitución de 1853.


En la ficción que nos propone Tierra Partida, dos historiadores (¿dos Historias?) -Monterroso y García-, nos cuentan cómo un país se libera del colonialismo español, y, lograda la Libertad, lo demás no importa nada. Así, a partir de este subtitulo, van surgiendo consignas de lo más variadas, primero; de lo más contrapuestas después, para terminar en guerras civiles, matanzas, golpes de estado, exterminio (de nativos, mayormente, pero también de "ciudadanos"), desapariciones o, como bien dicen unos seres oscuros y aterrorizantes que aparecen cada tanto, "desvanecimientos"

Cada escena es presentada por los historiadores, que dejan paso al resto del elenco que en una sucesión que no da respiro entretiene a la vez que invoca a la reflexión. Podemos decir que el hilo argumental se parece a un dialogo platónico, donde uno de los narradores (Monterroso) intenta ajustarse a los hechos y buscar explicaciones que lleven a la verdad -con cierto parecido a la Mayéutica socrática-, mientras García, suerte de Gorgias, intenta acomodar la Historia a su conveniencia bajo la excusa de seguir instrucciones de un jefe supremo.

Hay tres momentos que destacan por su belleza:
- las lavanderas que sirven de prologo al gobierno de Rosas (cantan una especie de blues rioplatense que decoran con sonido de agua de las ropas que retuercen en sus respectivas palanganas)

- el rap de los unitarios y federales (también del periodo rosista), que pone en juego todas las destrezas de estos clauns

- el fusilamiento de Dorrego, con una edición en vivo que eriza la piel: varios actores se ponen en la escena totalmente oscura y encienden velas, mientras la actriz que está al frente lee la nota que le deja a su esposa, y que bien vale la pena repetir aquí:

 Mi querida Angelita:

En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué; más la Providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí.

Mi vida: Educa a esas amables criaturas: sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado


Como se ha dicho, Tierra Partida transcurre con velocidad, gracia, muchas risas -no exentas de momentos tristes como el citado fusilamiento de Dorrego- y nos deposita en el final sin que hayamos notado las casi dos horas que dura. Y así como al ingreso nos dio la sensación de que ya estaba empezada, este final nos parece que continuará, incluso en el siglo xxi. 


Fernando Berton - Mayo 2017

Tierra Partida se representa los domingos a las 20:00 en el teatro La Carpintería, Jean Jaures 858 - CABA - Teléfono: 011 4961-5092
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