lunes, 16 de enero de 2017

lunes 11 pm

ha sido un día complejo, por lunes, por enero, porque sí. tengo sensaciones encontradas, que he perdido hace un tiempo, y ya no sé bien qué quieren decir, si es que dicen algo.
me pregunto cómo se puede escribir si no se escribe, y entonces aquí estamos, los gatitos, las palabras, el teclado, quizás yo.
creo que no les conté de los gatitos.
bastet llegó primero. cabía apenas en la palma de mi mano. tiene ojitos marrones, y es básicamente negra, con detalles rubios, como si se hubiera hecho los claritos.
en sí todo el tiempo tiene hambre, y yo creo que nos relacionamos por eso.
pero ahora está ahi, a mi lado, acicalándose, y cada tanto me mira. y hace como runrún, runrún, runrún, runrún, cuando la acaricio.
que a veces no, porque estoy tocando las teclas para decir que la acaricio, y es cuando se produce el efecto de realidad, ¿no? porque el lector que lee cree que las cosas pasan mientras las lee, pero en verdad el escritor que escribe tiene que apelar a algún artificio para lograr el dicho efecto.
una de las opciones es ilustrar el texto con una foto.
la foto dice que la cámara estuvo ahí, en el momento en que lo que se muestra estaba ocurriendo.
y que, por lo tanto, lo que se dice es cierto.
ha ocurrido.
acá está el testimonio.
esta es la imagen que dice que lo que se dice ha ocurrido, que el lector no debería dudar de lo que se le cuenta porque el testimonio gráfico es más que elocuente.
la imagen que vale más que mil palabras.
pero la verdad no sé.
acá hay una imagen, eso es indudable.
pero no sé cuántas palabras. no las he contado. no tengo ganas. mis ojos están turbios. ven apenas lo que escriben los dedos, algo habituados a  la escritura sin mirar el teclado, aprendido con una vieja underwood de andá a saber de qué año. como esa que tiraban en Los de abajo, de Mariano Azuela.

yo no sé si les he dicho al comienzo que no sabía bien para dónde ir esta noche. ni la noche de ayer. ni la anterior.

es difícil escribir cuando uno no escribe. y esto, ni más ni menos, es un intento por volver a escribir. aunque los gatitos caminen despreocupados por el teclado y hagan de este texto una cosa incomprensible.

ah, les presento: la gatita se llama bastet, y el gatito se llama liam. o lion, según lo diga yo o mi hijo. pero eso a él no lo afecta, porque le digas liam o o lion igual hace lo que le viene en gana.
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