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martes, 26 de marzo de 2013

El arte de vivir bien - 6


Capitulo 6


El gato está ahí, sentado frente al portón que lo separa de un perro que ladra ladra ladra ladra y no para de ladrar. Entre el portón y el piso hay unos cinco centímetros, por donde el perro saca un poco el hocico, a veces una pata, a veces las dos. Hace eso sin parar de ladrar, como si tuviera un mecanismo que le impide hacer silencio, ir a buscar comida, jugar con su dueño o dedicarse a dormir la siesta. Solamente ladra. Y el gato sigue sentado ahí, casi que duerme sentado mientras el ladrido continúa y parece ser que continuará por los amenes de los amenes, siglo.
Pero ¡Ahá!, de repente el ladrido pasa a un tono menor. No es que deje de ladrar, pero es menos audible. Entonces el gato abre más los ojos, esos ojos amarillos con pupilas verticales, rayas que se hacen cada vez más delgadas y ponen en foco la pata del perro que asoma con cierta desesperación en un desesperado intento por atrapar al gato. Entonces el michifús ataca la garra del perro con la suya, le da dos o tres o cuatro cachetaditas en la garra, y ¡ay!, queridos míos, se arma otra vez el tole tole y el ladrido del perro vuelve a su tono mayor, con más furia que nunca y ladra ladra ladra y ladra sin parar.

El gato, entonces, hace un movimiento exacto y de un saltito atrapa un pajarito que había bajado a buscar un gusano, una lombriz, un pedazo de corteza de pan o acaso un boleto de tren ida y vuelta a Constitución pero seguramente no había ido a buscar la boca de un gato que parecía tan en otra cosa, tan al pedo como rompiéndole la paciencia al pobre perro; que de bronca por sentir con toda su alma perruna que no pudo evadirse de la furia, y se vio burlado por un estúpido gato que encima de todo lo usó de señuelo para que el pobre pajarito fuera a caer en sus fauces, y ahora se diera el festín lo más campante, tanto que no puede advertir que el dueño del perro va a sacar el auto, y el can ve su oportunidad y mete en su enorme bocota gato y pájaro a la vez, y disfruta de su venganza como si fuera un niño que vuelve del colegio el último día de clase y sabe que no se ha llevado ninguna materia y por lo tanto podrá pedir un guardapolvo nuevo para el año siguiente porque sabe que se lo ha ganado, que la mamá está recontenta y lo agarra en sus brazos y lo hace girar una vez y otra vez y giran y giran los dos en el patio veraniego con 42º C o algo así pero ella tiene que lavar la ropa que le da la gente del barrio para poder pagar la comida y los útiles y la ropa, pero hoy está tan contenta tan contenta que no para de hacerlo girar y girar y al final se termina mareando y los dos caen revolcados por el piso, muertos de la risa aunque con algunos magullones y Remo no puede entender del todo la felicidad de la mamá, pero sí entiende la felicidad de él y entonces la agarra por el cuello y le da un beso grande y le dice te quieromuchomamá, hasta el  cielo ida y vuelta, y ahora la mamá se ríe pero también llora y ella también lo quiere, como no lo va a querer, pero es que a veces lo estamparía contra la pared con las cosas que se le ocurren, pero claro que lo quiere, por supuesto que lo quiere, lo quiere más que a su vida misma, que a la luz que la alumbra más que a todo eso lo quiere, claro.

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