¿Vos sabés por qué estás acá? Porque te portaste mal, y entonces estás castigada. Castigada a no poder dormir con tranquilidad, a despertar a cada rato, a despertar cuando es demasiado tarde, no despertar cuando es necesario. Estás condenada a no poder hacer nada con tu amor, a esperar en vano el regreso de esa grulla que salió a buscar comida y no vuelve. Nada podés hacer con las caricias, con los besos, con los ojos tiernos como los de un gorrión. Estás obligada a esperar eternamente que vengan a buscarte con la sonrisa más fresca que puedas imaginar, con los brazos como las alas de un cóndor, con el corazón como de un ñandú lanzado a la carrera. Estás forzada a luchar por siempre contra la tristeza de saber que por un instante, en un sueño que parecía tan real, arañaste la alegría y la felicidad de apoyar tu cabeza en un pecho que te acunaba cuando todo alrededor parecía desmoronarse, y te arrullaba como una torcaza.
Fernando
Enero, 2026

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