sábado, 29 de abril de 2017

Alma Azul Libros


Alma Azul Libros - Lanús Este
En la esquina de la Avenida 9 de Julio y F. M. Esquiú, Lanús Este, nos encontramos con una bella librería, que antiguamente fuera una farmacia. Es más, aún queda el grabado en la fachada, que habla de mantener la historia del local, abierto como librería en noviembre de 2016, y que fue adquirido por el abuelo de Ángela en 1922.

La vidriera que da sobre 9 de Julio, si uno llega por la mañana, tiene un film que protege a los libros de la dañina influencia de los rayos solares, que tantas tapas desteñidas y ajadas ha creado por detrás de inescrupulosas vitrinas. Esto nos habla de la preocupación de la dueña por cuidar los preciados objetos que ofrece para el regocijo de los lectores.

Al ingresar, nos encontramos con una decoración de lo más agradable: paredes pintadas de color maíz, una antigua puerta con vidrios repartidos pintados como si fueran un vitral, una mesada de hormigón que sostiene una vieja bacha enlozada (esas que hoy están tan de moda), y una canilla digna del palacio San José, completan una media ventana que sostiene un cuadro, y una silla con respaldo semicircular, parecido a las que se encuentran en el Café Tortoni. Todo esto da la sensación de que somos viajeros en el tiempo luego de haber entrado a ese local que próximamente cumplirá cien años.

María Ángela, que nos recibe con una sonrisa, nos cuenta que “el local lo compró mi abuelo en 1922. Pero mientras lo refaccionaba, abrió la farmacia en el local que está justo en diagonal a este.”

Cosas que pasan: ¿Y cuándo se abrió la farmacia en este lugar?
Ángela Adamo: En 1930, cuando se puedo terminar de refaccionar.
CQP: ¿Por qué Alma Azul?
AA: Bueno, pensé que aquí antes se cuidaba del cuerpo, y los libros son un cuidado para el alma.
CQP: Mens sana…
AA: Claro, tal cual. Y bueno, el azul es un color tranquilizante, y se asocia con la mente, con la parte más intelectual de la persona. En la antigüedad se lo relacionaba con el infinito, la inmortalidad, la realeza, lo sagrado.
CQP: ¿Y cómo va la librería? ¿Tuvo buena repercusión en el barrio?
AA: La verdad es que va bastante bien. Los vecinos le dieron una buena recepción. Hay personas que vienen a charlar, a mirar. Muchas veces me dicen que no se animaban a entrar, pero después se dan cuenta de que acá pueden preguntar, recorrer los estantes, no es un supermercado de libros donde sí o sí tienen que comprar.
CQP: Y también hacer talleres.
AA: Sí, yo entiendo este lugar como un espacio, no solamente como una librería. Por ejemplo hace una semana hubo una muestra de un taller de teatro, presentamos un libro, o un recital. Tenemos talleres de meditación, muestras de pintura. Esa pared de ahí, por ejemplo, que estaba a la miseria por la humedad, decidí dejarla con el ladrillo visto para que respire, y exponemos pinturas.
CQP: ¿Y cómo pasaron de una farmacia a una librería? Parece un cambio algo alocado.
AA: (risas) Pasa que mi tía siempre tuvo librería. Ella abrió una librearía hace casi cincuenta años en Río Negro, así que no es algo lejano para mí.
CQP: La decoración es muy agradable, se nota un cuidado por mantener el vínculo con el pasado.
AA: La decoración la hice con mucho trabajo. Casi todas las estanterías son las originales de la farmacia. El mueble que uso de escritorio era parte de la separación que había entre el local y el laboratorio. Toda la entrada, las vidrieras, son las originales. Le cambié los vidrios a esta puerta (la que da al baño) y le pinté un falso vitral. Igual que la puerta de servicio. Todo lo que es madera lo lijé yo misma, la verdad tuve que trabajar un montón, porque después que se cerró la farmacia el local estuvo alquilado a una panadería y dejaron un desastre. Pero mi idea fue mantener la fachada, pensar en el barrio como era en esos tiempos.
CQP: ¿Cuáles son los proyectos para los próximos años?
AA: Muchos amigos me dicen que ponga un bar. Puede ser algo a tener en cuenta, porque el que viene a tomar un café puede mirar un libro y sería una ayuda para el negocio.
CQP: Parece una idea muy interesante.
AA: No la descarto, pero por ahora estoy yo sola y no podría, además de que hace falta otro tipo de habilitación, una inversión y tener gente que sepa del negocio. La librería se mantiene, (yo vivo de la jubilación) pero todavía no da para crecer por ese lado.


En un momento de la charla entra una clienta, y Ángela corre de un lado para otro en busca de los libros que le pide. Recomienda, sugiere, pregunta. Nos preguntamos cuál será el orden que lleva, ya que va de un lado a otro del local por libros similares. Nos dirá que es un orden personal, y que en algún momento buscará hacerlo más profesional (como su tía la librera de Gral. Roca), pero que por ahora se siente cómoda así. Y es muy cierto, lo que se respira en Alma Azul es tranquilidad. 


Fernando Berton
Abril, 2017


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