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jueves, 21 de junio de 2012

El Árbol de las Brujas

Ray Bradbury (The Halloween tree) 1972
Minotauro - 1978



The Halloween Tree, puede decirse, es un libro dirigido a un público infantil - adolescente. Pero, tratándose de Bradbury, llega bastante más allá.
No sé si es de lo mejor, o de lo que uno espera encontrar en este autor, pero tiene un trasfondo que, tal vez ahora, el viejo Ray estará meditando.
¿Por quién habrá donado un año?
A continuación, una cantidad de citas del libro que no pretenden ser una reseña ni tienen un hilo argumental, salvo que me llamaron la atención. Espero que las disfruten.




Pero de pronto el día se fue.
De debajo de todos los árboles salió la noche y tendió las alas.
(Pág. 11)

                Tom Skelton desapareció.
                Todos miraron. Vieron la figura pequeña que se precipitaba cuesta abajo por el sendero polvoriento, hundiéndose en cien millones de toneladas de noche acumuladas en ese inmenso pozo, ese sótano húmedo, esa garganta deliciosamente aterradora.
                Aullando, se zambulleron tras él.
                Desaparecieron.
                El pueblo quedó atrás atosigándose de dulzura.
(Pág. 23)

                Tumbas y más tumbas con pasadizos secretos, para que nunca los descubrieran, para que los violadores de sepulcros no pudieran robar las almas y los juguetes y el oro. Tú eres una momia, muchacho, porque así se vestían ellos para la Eternidad. Envueltos en un capullo de hebras, esperaban renacer transformados en bonitas mariposas en algún mundo remoto, un mundo hermoso y acogedor. Conoce tu capullo, muchacho. Palpa los extraños lienzos.
(Pág. 62)

-          … ¿Renacería el sol con el nuevo año o seguiría muerto? Los egipcios se lo preguntaron. Los cavernícolas se lo preguntaron un millón de años antes. ¿Saldrá el sol mañana cuando amanezca?
-          ¿Y es ese el origen de la Noche de las Brujas?
-          Esas largas meditaciones nocturnas, muchachos. Y siempre allí, en el centro, el fuego. El sol. El sol sucumbiendo para siempre bajo el cielo frío, aterrorizando al hombre primitivo. Aquella era la Gran Muerte. Si el sol desaparecía para siempre, entonces ¿qué?
“Y a mediados del otoño, mientras todo moría, los hombres-mono se agitaban en sueños, recordaban a los muertos del año anterior. Los espectros llamaban desde dentro de las cabezas. Recuerdos, eso son los espectros, pero los hombres-mono no lo sabían. Detrás de los párpados, en las horas tardías de la noche, aparecían los espectros de la memoria, saludaban, bailaban, y entonces los hombres-mono despertaban, echaban ramitas al fuego, lloraban, se estremecían. Podían ahuyentar a los lobos, pero no a los recuerdos, no a los fantasmas. Entonces se acurrucaban, rezaban pidiendo que llegase la primavera, vigilaban el fuego, agradecían a dioses invisibles las cosechas de frutos y bayas. “
(Pág. 64)

                En todos los villorios, chico, en todas las granjas de mala muerte que puedas encontrar se ocultan antiguas religiones. Habéis visto cómo fueron mutilados y talados los druidas ¿eh? Ellos se ocultaban de los romanos. Y ahora son los romanos, que alimentaban con cristianos a los leones, quienes corren a esconderse. Así es como todos esos descoyuntados cultos menores de todos los gustos y tipos, luchan por sobrevivir. ¡Ved cómo corren, muchachos!
            Y era verdad.
Por toda Europa ardían hogueras.
(Pág. 85)

-          Pero, deteneos a pensar: ¿Qué significa en verdad la palabra Bruja?
-          Bueno… - dijo Tom, cohibido.
-          Ingenio –dijo Mortajosario-. Inteligencia. Eso quiere decir. Conocimiento. De modo que cualquier hombre, cualquier mujer, con medio cerebro y ganas de saber algo tenía aptitudes ¿eh? Y así a cualquiera demasiado despierto, que no se ocultaba bastante, lo llamaban …
-          ¡Brujo! –dijeron los niños a coro.
(Pág. 87)

Cada uno de vosotros ha de prometer que dará un año. Naturalmente ahora no echaréis de menos un año, porque sois muy jóvenes, y tanteando vuestras mentes puedo ver que ni siquiera adivináis la situación final. Sólo más tarde, cincuenta años a contar de esta noche, o a sesenta años de este amanecer, cuando se os está acabando el tiempo y deseéis fervientemente uno o dos días más de sol y felicidad, entonces será cuando el seño D por Destino o el señor H por Huesos os presentarán la cuenta. O acaso venga yo mismo, el viejo Mortajosario en persona, un amigo de los niños, y os diga “pagad”. Así que un año prometido es un año perdido. Yo os diré “dad” y vosotros daréis.
(Pág. 126)

Significará que aquellos que podrían vivir hasta los setenta y uno tendrán que morir a los setenta. (…) Un año más o menos no parece gran cosa. Cuando llegue el momento, muchachos, puede que lo lamentéis. Pero podréis decir, este año lo pasé bien, lo di por Pip, se lo presté a la vida para el querido Pipkin, la más hermosa de las manzanas que estuvo a punto de caer del árbol antes de tiempo.
(Pág. 127)

Y la casa entera era como un compendio de las Noches de Brujas de todos los Tiempos. (…)
Los muchachos se reunieron alrededor de la lucerna y miraron el pozo de una escalera que llevaba a varios pisos de distintos tiempos e historias de hombres y esqueletos y músicas escalofriantes tocadas en flautas de huesos.
-          Allí está, chicos. ¿Queréis mirar? ¿Lo veis? Allí está todo nuestro vuelo de diez mil años, allí está todo nuestro viaje en un solo lugar, desde los cavernícolas a los egipcios, pasando por los pórticos romanos y las praderas inglesas de otoño hasta los osarios mexicanos.
(Pág. 131)

-          Siempre lo mismo pero diferente ¿eh? Cada época, cada tiempo. El día siempre acababa. Siempre caía la noche. ¿Y no es verdad que siempre teméis, tú, Hombre-Mono, tú, Momia, que nunca vuelva a salir el sol?
-          Sssííí´-susurraron varios más.
Y miraron arriba todos los niveles de la casona y vieron todas las épocas, todos los pisos, y a todos los hombres de la historia que escudriñaban alrededor mientras el sol salía y se ponía. Los Hombre-Mono temblaban. Los egipcios gritaban quejumbrosos. Griegos y romanos paseaban a sus muertos. Moría el verano. El invierno lo metía en la tumba. Un billón de voces lloraba. El viento de los tiempos estremecía la casa alta. Las ventanas trepidaban, y como los ojos de los hombres, estallaban en lágrimas cristalinas.
(Pág. 133)

-          Noche y día. Invierno y verano, chicos. Tiempo de sembrar y tiempo de recoger. Vida y muerte. Todo eso, sintetizado en una sola noche, es la Fiesta de las Brujas.
(Pág. 134)
Ray Bradbury (1920 - 2012)

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