jueves, 7 de julio de 2016

Microdictaduras

El lector desprevenido que suele frecuentar estas páginas debería saber, ya, que es él mismo un protagonista habitual de las mismas.
Disculpado que hubo el uso del arcaísmo, se dispone entonces a leer un artículo que de alguna manera se continúa de uno anterior: Leer en voz baja, donde se decía (¿o se dice? porque el artículo sigue estando ahí) que el teléfono celular bla bla bla.
Aquí venimos a hablar del teléfono de línea, o fijo, ya que de lo contrario parecería que es un teléfono cocainómano.
Bueno, se dice en el mencionado artículo que parece haber en estos tiempos una preferencia en la conversación con delay. Esto es, alguien manda un audio por uasap, el receptor lo recepta y, a su vez, responde. Así vemos un sinnúmero de personas que, mientras caminan por aceras y senderos, sostienen sus adminículos con los dedos índice a meñique por el dorso, mientras el pulgar presiona el ícono del micrófono, al tiempo que las cuerdas vocales -se desconoce la existencia de cuerdas consonantes- emiten el dichoso "audio".
Según puede buscarse por allí, el teléfono es un invento de mediados o fines del siglo xix, y desde entonces viene atormentando la tranquilidad de los hogares, primero, y de los empleados después.
En efecto, cuando un teléfono suena, la vida de quien escucha su ring se trastoca, y debe, imperiosa e indefectiblemente, dejar todo lo que estaba haciendo para ir a atender el llamado. El llamado telefónico tiene ascendente sobre cualesquiera otras actividades humanas.
Como bien dice nuestro viejo amigo Victor S., es algo que está automatizado y a lo que casi nadie presta atención: ¿por qué razón las empresas te dicen que tenés que atender antes del tercer ring? ¿Por qué el llamado es más importante que lo que uno -cuando digo uno me refiero a un simple empleado- está haciendo? ¿Por qué los novios o novias te increpan porque no atendiste un llamado y parece que quien no atendió porque justo se estaba lavando los dientes no tiene excusa posible? "Te llamé", te dicen con espuma en la boca, "y no me atendiste".
"Es que me estaba lavando los dientes", balbucea el acusado y condenado a priori.
"Mentira, no me querés atender", recrimina el despótico llamador.
En el ámbito laboral, por caso, el continuo ring del teléfono hace que el simple empleado no pueda terminar nada, ya que a cada llamado se le cambia la tarea, o el target, o su plan de negocio, por así decir.
Sin contar a los que le mandan al simple empleado un correo electrónico y, escasos segundos después, lo llaman por teléfono para decir "te mandé un mail". Cuando no le mandan un uasap, también, por texto y audio.
Y así pasa el día.

Parece ser que el pobre empleado -que viene siendo un sucedáneo del lector desprevenido- es un ser frío y distante que, con su bandeja de entrada llena de mensajes en negrita, hipócritamente se dedica a no contestar los mails, mientras atiende los llamados que le piden que responda los correos.

Este hiperbólico artículo tiene como finalidad hacer reflexionar a todos aquellos que mandan correos y textos y audios de modo irrefrenable. La recepción, lectura, comprensión, búsqueda de información para responder y final respuesta son muchos más pasos que el puro eyacular mensajes de cualquier índole.

"Che, Albert, ahí te mandé un mail. A ver si me contestás qué es eso de la relatividad, eh?"


juliobertonmmxvifernando



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